

Por
Manuel Rodríguez Romero
Periodista
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Autor Teodoro Calvo Fernández narra que dos soldados chilenos desertaron para contraer matrimonio y quedarse a vivir en el lugar.
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Hija del cacique, dueño de los potreros del lugar, durante la colonia huyó para no casarse con potentado español, pero al final fue capturada. Al desposarse se convirtió en dueña de amplios dominios de lo que hoy es Salpo.

Sabía usted que durante la guerra del Pacífico (con Chile), los pobladores del hoy distrito de Salpo, provincia de Otuzco, participaron de manera activa repeliendo a la tropa enemiga?.
Este hecho escondido en la historia, es revelado en el libro “Estudio de la realidad geo-socio educativa del distrito de Salpo”, publicado por Teodoro Francisco Calvo Fernández y hecho llegar a la Redacción de EL NUEVO LIDER por el reconocido promotor del turismo e historiador de Salpo Javier Carranza Ulloa.
Resulta que en 1883 cuando las tropas chilenas se dirigían al interior del país al pasar por el camino que va a Challuacocha, Achupallar, Cotra y Chanchacap, un grupo de valientes salpinos comandados por el ex soldado Manuel Guzmán, desde el cerro Collahuate le rodaron galgas a las tropas enemigas produciéndose algunas bajas.
Se dice que Guzmán cabalgaba un caballito colorado y cuto, y que asimismo portaba un mosquete con el que hacía disparos, lo que hizo pensar al jefe militar chileno Gorostiaga en la existencia de un fuerte pelotón al que debería batir y en castigo incendiar al pueblo.
Los chilenos, según el relato, acamparon en Cotra y Chanchacap y cuando se disponían a invadir el pueblo de Salpo, órdenes superiores obligaron a que Gorostiaga desistiera en sus propósitos e ir en persecución del Brujo de los Andes”, sin embargo, envió un pequeño destacamento para sacar el “cupo”, previa amenaza de materializar sus criminales deseos.
Esta actitud comprometió a la conciencia de dignos salpinos, tales como: Juan Alvarado, Justo Meza, Manuel Huanes, Alejandro Muñoz, Manuel Valerio Vereau, Fidel Castro y otros para solicitar erogaciones e ir personalmente a pagar esta cuota.
Salpo, tradicionalmente generoso y hospitalario no guardó rencor alguno a los adversarios y fue así que abrió sus puertas a dos chilenos que prendados de la belleza y gran corazón se desertaron quedándose para siempre en la tierra salpina. Uno de ellos, don Calixto Reyes, con dotes de caballero, robusto, blanco y muy enamorado se casó con doña Simona Saona Rosario, dejando al morir dos hijos un hombre y una mujer, de los que sus descendientes, una parte viven en la tierra que albergó a su antecesor. El segundo chileno en desertar no ha sido posible tener mayores datos, pues se afirma que no fijó residencia en la capital del distrito sino en la campiña, según el relato de Calvo Fernández.
OTRO RELATO
Otro de los relatos interesantes se refiere a los territorios de Salpo que se delimitaron en tiempo de los españoles que comenzaron a invadir los Ayllus y fue precisamente cuando don Fernando de Gamboa pretendió casarse con doña Juana Pisampinta, hija del cacique dueño de los potreros del lugar y con residencia en Hundor. Ante la pretensión del aventurero español, la indígena huyó en veloz carrera, desde el cerro Hundor por los potreros de Cariday y Carcha al cerro Carnachique, de ahí atravesó el río Huangamarca cerca de Otuzco y faldeando el cerro llegó al puente de Pichanchaca, en Motil, para pasar al cerro Chaccha, en Mache, luego a la peña con Hijo y faldeando el cerro Quinga siguió por la Cruz de Carabamba (Pargo) hasta llegar a su primer paraje, en donde fue capturada. Después de bautizarla la obligaron a casarse con el español, asignándole al nuevo matrimonio todo el vasto dominio que la mujer había recorrido.

Al respecto Javier Carranza al ser entrevistado por EL NUEVO LÍDER señaló que el autor del libro, el salpino Teodoro Calvo Fernández, como maestro se adentró con sus investigaciones en la comunidad donde realizó sus actividades docentes, a fin de tener los conocimientos reales de la historia de Salpo y sus necesidades.
Indica que, en tal sentido, Calvo Fernández pudo conocer los principales hechos que a lo largo de la historia se van sucediendo en el distrito de Salpo, desde los albores de su vida hasta nuestros días.
Además, ubica a Salpo dentro de la Geografía del Perú, haciendo breves comentarios sobre los principales aspectos que conforman su realidad física y biológica, sin dejar de estudiar a la comunidad apreciando las virtudes, valorando el civismo de los hombres que dieron honra y gloria a su pueblo en los distintos campos de la actividad humana, muchos de los cuales permanecen ocultos u olvidados.
Carranza Ulloa explica que el libro indica el potencial económico de Salpo, ofreciendo un estudio sobre los recursos que guarda y lo que produce, pero a la vez enfoca el problema cultural y el educativo a fin de tener un conocimiento cabal de éstos.

Manifiesta que el libro es un importante logro que contribuye al conocimiento de la historia y la realidad de Salpo. Para ello el autor tuvo que superar dificultades, como la falta de obras de consulta relacionadas con el tema.
La historia de Salpo en casi toda su totalidad se reduce a la tradición; mucho de lo que estaba escrito sobre su vida, desapareció al quemarse los archivos de la parroquia San José, en el año 1,913; razón por la cual, al autor ha tenido que recurrir a documentos de carácter privado y la información también fue obtenida de respetables ancianos que conservan estas tradiciones.

