
Por:
Roberto Moreno Espejo
Comunicador Social
La Libertad lleva casi tres meses sin un prefecto regional titular. Desde que el Poder Ejecutivo dio por concluida, en junio pasado, la designación del doctor Carlos Alberto Rodríguez Rodríguez, mediante la Resolución Suprema N.° 160-2026-IN, la región permanece a la espera de quien debe asumir formalmente la representación política del Gobierno Nacional.
No se trata solamente de una ausencia administrativa. En una región tan compleja como La Libertad, donde la inseguridad, los conflictos sociales y las demandas de las provincias exigen permanente coordinación entre las autoridades, la falta de un titular visible de la Prefectura plantea una preocupación institucional que no debería ser minimizada.
Carlos Rodríguez asumió la Prefectura Regional el 9 de octubre de 2024 y permaneció aproximadamente veinte meses en el cargo. Durante ese período, más allá de cualquier consideración política, corresponde reconocer que desarrolló una presencia activa en la función que le fue encomendada y contribuyó a recuperar, en buena medida, el sentido de autoridad política del Gobierno Nacional en La Libertad.
UNA AUTORIDAD QUE SE HACÍA SENTIR
Durante casi dos años, la Prefectura Regional dejó de ser, para muchos, una institución meramente protocolar. Rodríguez procuró mantener una presencia constante, convocando y articulando con autoridades, instituciones y organizaciones sociales; y muchas veces liderando operativos inopinados en diversas provincias y distritos.
Ese ejercicio de la función política resulta particularmente importante en una región donde existen 12 provincias y 84 distritos, con realidades y problemas diferentes. La autoridad política regional tiene precisamente la responsabilidad de contribuir a que la presencia del Ejecutivo no se limite a Lima ni quede fragmentada en cada jurisdicción.
Una prefectura activa permite escuchar, coordinar, transmitir demandas y mantener abiertos los canales de comunicación entre el Gobierno Nacional y las autoridades locales.
Por eso, cuando esa cabeza regional desaparece durante meses, la preocupación no es solamente quién ocupa un escritorio. La pregunta fundamental es: ¿quién conduce, articula y da continuidad a la representación política del Ejecutivo en la región?
LA NORMA PREVÉ UNA SALIDA, PERO NO REEMPLAZA LA TITULARIDAD
La propia Resolución Suprema N.° 160-2026-IN estableció que, mientras no se designe al nuevo prefecto regional, las funciones del cargo son asumidas por el director de la Dirección de Autoridades Políticas de la Dirección General de Gobierno Interior del Ministerio del Interior.
Es decir, jurídicamente se ha previsto una fórmula para evitar que las funciones queden completamente desatendidas.
Pero una cosa es tener una salida administrativa prevista por la norma y otra muy distinta contar con un prefecto regional que ejerza presencialmente la conducción política de la región.
La suplencia puede garantizar continuidad burocrática. Lo que difícilmente puede garantizar por sí sola es la presencia política, territorial y cotidiana que requiere una región como La Libertad.
Y allí está el problema.
¿Quién articula a los subprefectos?
La ausencia prolongada del prefecto regional también genera una interrogante legítima respecto de la cadena de autoridad política.
Los subprefectos provinciales y distritales constituyen parte de esa estructura territorial mediante la cual el Gobierno Nacional mantiene presencia en las diferentes jurisdicciones. La Prefectura Regional debe desempeñar un papel de articulación y supervisión dentro de esa estructura.
Diversos medios regionales han advertido precisamente sobre esta situación: casi tres meses después de la salida de Rodríguez, todavía no se había anunciado públicamente un reemplazo titular.
No es razonable que una región de la importancia de La Libertad permanezca durante tanto tiempo esperando una decisión que corresponde al Ejecutivo.
La autoridad también se construye con presencia
En tiempos de inseguridad ciudadana y desconfianza institucional, la autoridad no puede reducirse a resoluciones publicadas en El Peruano.
LA AUTORIDAD SE CONSTRUYE CON PRESENCIA.
Se ejerce escuchando a los ciudadanos, reuniéndose con los alcaldes, coordinando con la Policía, participando en las reuniones de seguridad, atendiendo los conflictos sociales y manteniendo comunicación permanente con las instituciones.
Ese fue, precisamente, uno de los rasgos que permitió que durante la gestión de Carlos Rodríguez la Prefectura Regional tuviera mayor visibilidad y presencia pública.
Por ello, su salida no debería ser evaluada únicamente desde la perspectiva de quién fue designado o quién dejó de serlo. La verdadera discusión es qué tipo de autoridad política necesita La Libertad y qué importancia le concede el Gobierno Nacional a su representación en esta región.

TRES MESES SON DEMASIADO TIEMPO
La demora comienza a dejar de ser una simple cuestión de calendario.
Tres meses sin un prefecto regional titular significan tres meses sin una conducción política regional plenamente identificada ante la ciudadanía.
Y esto ocurre precisamente cuando La Libertad necesita instituciones capaces de coordinar respuestas frente a sus principales problemas.
El Gobierno Nacional tiene la potestad de designar al prefecto regional mediante resolución suprema. La propia normativa establece el procedimiento y la naturaleza del cargo.
Por eso, la pregunta que corresponde formular públicamente es sencilla:¿Cuánto tiempo más tendrá que esperar La Libertad para que el Ejecutivo designe a su máxima autoridad política regional?

No se trata de defender a una persona ni de cuestionar anticipadamente a quien pueda ser designado. Se trata de defender la institucionalidad de la Prefectura Regional y la necesidad de que La Libertad cuente con una autoridad política que conozca su territorio, dialogue con sus autoridades y asuma públicamente la responsabilidad de articular la presencia del Gobierno Nacional.
Carlos Rodríguez ya es parte de la historia reciente de la Prefectura. Su gestión es reconocida, puede ser discutida, evaluada y contrastada con hechos. Pero existe un dato objetivo que nadie puede desconocer: desde su salida, la región continúa esperando a quien debe ocupar ese espacio institucional.
La Libertad no puede acostumbrarse al vacío.
La autoridad política no puede estar ausente cuando más se necesita su presencia.

