
Escribe:
Sigifredo Orbegoso V.
En esta República inconclusa, si se le ve desde que se inició; o en descomposición y anarquía si lo observamos después de 200 años, podemos comprobar que los que han fallado han sido los hombres que ejercieron el poder.
Las riquezas naturales allí estaban, el pueblo trabajador también. ¿de dónde salieron los traidores a la patria? ¿quiénes se enriquecieron saqueando el erario nacional? Las grandes mayorías nacionales siempre explotadas, estuvieron marginadas, fueron las minorías dominantes y sus capitostes. Presidentes, ministros, alcaldes, jueces, en su gran mayoría han lucrado del cargo, por eso estamos como estamos sin nada que celebrar para el Bicentenario.
Pero ha habido excepciones que confirman la regla, personalidades ya en extinción. Una de ellas del siglo pasado, que acaba de morir con respetables 102 años, ha sido Luis Bedoya Reyes. con muchos cargos en su haber: uno de ellos alcalde de Lima. Como político fue fundador del Partido Popular Cristiano, una novedad entonces. Un partido con ideas y principios, con una organización estructurada para el efecto. No una empresa con fines políticos, cuyo objetivo fundamental es encumbrarse y medrar del poder que ahora vemos han proliferado con el impulso de mercaderes, en busca de un nuevo rubro para aplicar sus teorías del «emprendedorismo», en este caso a costa del Estado.
«Los dueños de un partido», se muestran con descaro disputándose el mercado electoral. politicastros que jamás lo hemos visto codo a codo con las masas trabajadoras, luchando por sus derechos. Menos han pisado una prisión por enfrentársele a alguna de las tantas dictaduras que han hollado la soberanía popular.
Bedoya Reyes no fue de esos. Era un líder en el cabal sentido de la palabra. Abogado capaz, orador brillante. Héctor Cornejo Chávez un democristiano arequipeño, en el parlamento era el único que podía tener con Bedoya un torneo oratorio – por el fondo y por la forma – digno de ser filmado en una época que había que ganar asiento en las galerías del Congreso para escucharlos. Que diferencia y vergüenza con lo que se escucha ahora.
Precisamente sobre estos temas tuve la feliz oportunidad de conversar con don Lucho Bedoya, que entre otra de sus virtudes ostentaba el buen humor y esa «chispa», que hacía tan agradable una conversación con él. fue con motivo de mi incorporación a la Academia Peruana de Derecho, como miembro de número, que con mayor antigüedad, obviamente, le correspondía al Dr. Bedoya. El llegó muy puntual, y el presidente de entonces Dr. Avendaño Valdez nos presentó e iniciamos una breve charla, hasta que comenzó la ceremonia.
lo recuerdo como si fuera ayer. Don Lucho resultó ser el primero de la primera fila, que quedaba frente a podio de donde debíamos hablar los académicos programados. Abierta la sesión y luego de la presentación por el académico Dr. Domingo García Belaunde, me correspondió desarrollar mi ponencia. Ella versaba, justamente, sobre la controversia que genera la doctrina del Derecho natural en el ámbito filosófico y científico. Tema que por sus convicciones ideológicas debía interesar a don Lucho. Ello ocurrió en setiembre del 2009. O sea que nuestro personaje iba por los 90 años. Edad respetable cuando como él se ha vivido y dejado huella. Por lo largas que son esas intervenciones me asaltó una mala intuición: pensé – in pectore – que en algún momento el cansancio lo vencería. Craso error el mío. Durante mi larga e inevitable intervención, don Lucho, con sus ojitos pequeñitos, no dejaba de mirarme sin pestañar. Como si el fuera el abogado de la parte contraria que debería estar atento a la menor falla mía a la hora de replicar.

Terminé. La directiva aprobó mi ingreso y luego siguió una recepción en cuya oportunidad hubo ocasión para dialogar con más calma, como se puede ver en una de las tantas fotos que tengo que publico ahora. Pero he aquí otra curiosidad: no conversamos sobre el tema de mi exposición como podría suponerse. Preferimos hablar de política la de ayer y la que ya se vivía entonces. Terciaba el Dr. Felipe Osterling, ya fallecido, eminente jurista y político, concluyendo que la política se había degenerado en cuanto al quehacer de sus actores. Y esto venía desde las universidades. No olvidemos que Bedoya estudió en el Colegio Guadalupe rebelde por antonomasia, y la Universidad Mayor de San Marcos, alma mater de muchos líderes. Luego vino el negocio de la educación superior, en donde se les enseña lo que esta sociedad decadente necesita y a salir cuanto antes de ellas para que paguen sus derechos al «cartón» que interesa a los dueños.
Por eso tenemos los «representantes» que tenemos. Improvisados, sin ideales ni conciencia ciudadana, menos del futuro de la patria.
Don Lucho: usted no está para descansar en paz. Siga vigilante como cuando me escuchaba en la Academia. Alguien habrá, ojalá, que siga su ejemplo. Tal vez pronto nos volveremos a ver.

