


XXXII crónica viajera de mi próximo libro «40 000 kms. de turismo»:
EL EDEN Sí EXISTE…
Escribe:
Iván La Riva Vegazzo
Leer la afirmación, “El Edén sí existe… está en Curgos”, me animó a viajar para confirmarla. Una carretera asfaltada me lleva desde Huamachuco hasta el desvío de Sausacocha luego, por un zigzagueante camino, en una hora llegué a los baños termales de El Edén.
Del apu Villao afloran aguas medicinales, ferruginosas y sulfurosas que, a través de chorreras y cascadas, forman pozas donde los visitantes toman sus baños. En algunas la temperatura de las aguas llega hasta los 60°C. Gracias a la gestión municipal se cuenta hoy con una excelente infraestructura. Habitaciones para alojamiento bien equipadas, oficinas de información, comercios artesanales, vigilancia, salas de recreación y de estar, restaurantes, juegos infantiles, canchas deportivas y zonas de estacionamiento complementan las bien equipadas pozas privadas y las piscinas de aguas termales.

Bajo un límpido cielo azul, por senderos muy bien diseñados, recorrí tan interesante lugar. De trecho en trecho, puentes y paradores permiten gozar del paisaje y los imponentes farallones de piedra desde donde un sinnúmero de cactus se mezclan con las bromelias y las orquídeas. En el recorrido se aprecian los cúmulos de óxido de hierro depositados durante miles de años adoptando extrañas formas. Las cascadas de agua caliente caen desde las alturas en medio de una densa humareda. En medio de este espectáculo natural de gran diversidad florística, puedo asegurar, “…sí, el Edén existe”.

Pude degustar de la gastronomía lugareña. En el restaurante me esperaba un delicioso plato de cuy frito con su ajiaco de papas mientras mis acompañantes disfrutaban trucha frita y cabrito que fueron “asentados” con un mate caliente de arrayán, yerba que había probado hacía años en las alturas de Pataz.
Entre el aroma de los eucaliptos, la belleza de los maizales y campos de papa retorné a Huamachuco. Una leve lluvia y el río Sarín, en su ruta hacia el Chuzgón donde desembocará, me despedían.

