OPINIÓN/// UCV: 34 AÑOS DE FUNDACIÓN

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Escribe:

Manuel Rodríguez Romero

Periodista Colegiado

 La historia de la Universidad César Vallejo se inicia en la década de 1980, impulsada por su fundador, el Dr. César Acuña Peralta, como respuesta a la limitada cobertura de educación universitaria en aquel entonces.

La Universidad César Vallejo comenzó a funcionar en 1992, luego de su creación por ley 25350 el 12 de noviembre de 1991. Fue fundada con la visión de democratizar la educación y ofrecer programas de calidad.

El proyecto surgió a partir de la exitosa «Academia de Ingeniería» fundada por César Acuña en Trujillo. Esta academia preuniversitaria se ganó el reconocimiento por preparar a un gran número de estudiantes para ingresar a la única universidad que había entonces.

Ante las limitadas vacantes en la universidad y el éxito de la academia, los padres de familia propusieron a César Acuña la creación de su propia institución universitaria. El proyecto se presentó en 1988.

Desde su campus original en Trujillo, la UCV inició una historia de crecimiento, abriendo posteriormente diversos campus como en Lima, Chimbote, Piura, Chiclayo, Tarapoto, Chepén, Huaraz, Moyobamba, etc.

La universidad se ha enfocado en formar emprendedores y profesionales, brindando oportunidades a jóvenes y adultos para que puedan «salir adelante».

A lo largo de sus 34 años de existencia, ha transformado la vida de miles de estudiantes, superando los 300,000 egresados, consolidándose como una institución educativa privada significativa en el Perú, ubicándose en la 7ma mejor universidad privada en el país, según Sunedu.

No fue fácil crear la Universidad César Vallejo. Hay momentos difíciles, que no se conocen, que atravesó su fundador hasta la promulgación de la ley de creación.

César Acuña se las ingeniaba de como ingresar al Congreso para hablar con los parlamentarios, a fin de convencerlos a que apoyen su proyecto de crear la universidad.  Por su diario trajinar parecía un congresista más o un asesor. Todos los días cruzaba Los Pasos Perdidos.

“Sólo me faltaba dormir en el Congreso”, confesó entre amigos César Acuña. Muy cerca al Congreso alquiló un cuarto de hotel, no muy caro, pues no tenía los recursos suficientes para ir a uno de 4 o 5 estrellas, de 3 era suficiente.

No es de aquellos que se rinden, tampoco podía abandonar la promesa que hizo a su mamá Clementina de fundar la universidad para los humildes, para la gente de clase media que no podían acceder a una universidad privada por lo caro de las pensiones. Su ideal era crear una universidad para los de menos recursos.

El proyecto de ley que más regresaba a la Comisión de Educación y Universidades fue el de la UCV. Una y otra vez lo debatían en Diputados y él desde la galería del hemiciclo miraba y escuchaba a los diputados. Unos estaban a favor y otros opinaban en contra   y hasta se “peleaban” entre ellos.

Recuerda que cuando observaban su proyecto bajaba de la galería del hemiciclo muy triste y se dirigía a la cafetería y luego a la catedral a rezar, por eso ahora, cuando cuenta las vicisitudes que pasó para crear la universidad, declara que “valió la pena llorar”, al haber abierto las puertas de la esperanza para que miles de jóvenes estudien una carrera profesional.

De esta forma logró darle a Trujillo la universidad que pedía y lo consiguió. “Para lograr lo que uno quiere hay tener fe en Dios y yo lo tengo. El me ha dado todo o casi todo. Por eso trabajo para ayudar a los demás que no tienen acceso a la prosperidad”, expresó en más de una ocasión.

Manuel Rodríguez



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