

Por Manuel Rodríguez Romero
Periodista
En una época en la que las noticias sobre el sistema de salud suelen estar asociadas a carencias, largas esperas y limitaciones presupuestales, el reciente reconocimiento internacional obtenido por el Sistema de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) de La Libertad representa una noticia que merece ser celebrada. No solo por el prestigio del premio, sino porque detrás de ese galardón existen miles de historias de vidas salvadas gracias a una atención oportuna.
El Ministerio de Salud ha reconocido oficialmente al SAMU La Libertad por haber obtenido el prestigioso Angels Awards EMS, una distinción internacional que acredita la calidad en la atención prehospitalaria de pacientes que sufren accidentes cerebrovasculares (ACV). Se trata de un logro que coloca a La Libertad como referente nacional en uno de los servicios más sensibles de la salud pública: la respuesta inmediata ante emergencias donde cada minuto puede significar la diferencia entre la vida, la discapacidad permanente o la muerte.

El accidente cerebrovascular constituye una de las principales causas de mortalidad y discapacidad en el mundo. La ciencia médica ha demostrado que la rapidez con la que el paciente recibe atención especializada determina, en gran medida, sus posibilidades de recuperación. En este contexto, la labor del SAMU adquiere una dimensión extraordinaria.
Cuando una llamada ingresa a la línea gratuita 106, comienza una carrera contra el tiempo. Médicos reguladores, operadores, enfermeros, técnicos, conductores y personal especializado activan protocolos cuidadosamente diseñados para llegar al paciente, estabilizarlo y trasladarlo al establecimiento de salud más adecuado. No existen márgenes para la improvisación. Cada decisión debe tomarse en segundos.
Por ello, el reconocimiento internacional no premia únicamente indicadores estadísticos. Reconoce la eficiencia de un sistema, la preparación permanente de sus profesionales y, sobre todo, el compromiso humano de quienes entienden que una emergencia no admite demoras.
También resulta justo destacar que este logro responde a una política regional que ha priorizado el fortalecimiento de los servicios de salud. La gestión de la gobernadora regional, Dra. Joana Cabrera Pimentel, ha orientado inversiones para mejorar la capacidad operativa del sector, mientras que la Gerencia Regional de Salud ha impulsado procesos de capacitación y fortalecimiento institucional que hoy comienzan a mostrar resultados tangibles.
Este premio también deja una importante lección para la gestión pública. Las instituciones sí pueden alcanzar estándares internacionales cuando existe liderazgo, planificación, capacitación continua y una cultura organizacional orientada al servicio de la población. No es casualidad que un servicio de emergencias médicas alcance este reconocimiento; es consecuencia del trabajo sistemático y del compromiso de un equipo que entendió que la excelencia es una obligación y no una excepción.
Pero el desafío apenas comienza. Los reconocimientos internacionales generan prestigio, pero también elevan las expectativas ciudadanas. Mantener estos estándares exigirá continuar invirtiendo en ambulancias modernas, equipamiento biomédico, sistemas de comunicación, capacitación permanente y ampliación de la cobertura del servicio, especialmente en las provincias más alejadas de La Libertad.
El SAMU no solo traslada pacientes. Lleva esperanza. Representa la primera oportunidad que tiene una persona para seguir viviendo después de un infarto, un accidente de tránsito, un accidente cerebrovascular o cualquier otra emergencia crítica.
En una sociedad donde muchas veces predominan las críticas hacia el sector público, resulta necesario reconocer los casos de éxito. Celebrar los buenos resultados también fortalece la confianza ciudadana y demuestra que las instituciones pueden responder con eficiencia cuando existe voluntad de hacer bien las cosas.
El Angels Awards EMS es, sin duda, un motivo de orgullo para La Libertad y para el Perú. Pero el mayor galardón del SAMU seguirá siendo el mismo de siempre: llegar a tiempo, salvar una vida y devolver la esperanza a una familia.

