

Por:
Manuel Rodriguez Romero
Periodista
En una región donde durante décadas la educación pública caminó a paso lento, el hecho de que el Gobierno Regional de La Libertad haya entregado más de 25 mil laptops a docentes de inicial, primaria y secundaria no puede pasar desapercibida ni minimizarse. No se trata solo de cifras, sino de un cambio de enfoque que apunta a cerrar brechas históricas en la región.
La gestión regional encontró en enero del 2023 una realidad que dolía: instituciones educativas con infraestructura deteriorada e inadecuada, mobiliario obsoleto y aulas sin equipamiento tecnológico. En muchos planteles, la enseñanza seguía dependiendo exclusivamente de la pizarra y el plumón, mientras el mundo avanzaba hacia la digitalización acelerada.
Por eso hablar de un atraso de 30 años puede sonar duro, pero basta recorrer escuelas de la sierra liberteña o de zonas urbano-marginales para entender que no es una exageración. Infraestructura precaria, carencia de laboratorios y docentes obligados a improvisar materiales eran parte del paisaje cotidiano.
En ese contexto, la entrega de más de 25 mil laptops representa una herramienta concreta para el maestro, que ahora puede planificar clases con recursos digitales, acceder a plataformas educativas, preparar material interactivo y fortalecer la evaluación de sus estudiantes. La tecnología no reemplaza al docente, pero sí potencia su capacidad pedagógica.
A ello se suma la reciente firma de un convenio que permitirá que más de 700 instituciones educativas de la región por el momento cuenten con servicio de internet con fines educativos, luego vendrán más planteles. Este paso es fundamental. De poco serviría dotar de equipos si no se garantiza conectividad. Internet en las escuelas no es un lujo; es hoy una necesidad básica para asegurar igualdad de oportunidades.
La modernización educativa no se limita a la compra de equipos. Implica mejorar la infraestructura, capacitación docente, mantenimiento, actualización permanente y seguimiento. El verdadero desafío será sostener esta política en el tiempo y garantizar que la tecnología llegue con calidad y estabilidad, especialmente a las zonas rurales, donde la brecha digital es más profunda.
Como periodista he sido testigo de cómo generaciones enteras estudiaron en condiciones que poco estimulaban el aprendizaje. Por ello, reconocer los avances no significa renunciar a la fiscalización; al contrario, implica exigir que estas inversiones se ejecuten con transparencia y eficiencia, y que los resultados se midan en mejoras reales en comprensión lectora, matemática y competencias digitales.
La educación es la base del desarrollo regional. Modernizarla no es un gesto político, es una obligación moral. Si La Libertad logra consolidar la transformación tecnológica, estaremos dando un paso decisivo para que nuestros niños y jóvenes compitan en igualdad de condiciones en un mundo cada vez más digitalizado.
El reto esta dado: que las laptops no se conviertan en cifras sólo para el discurso, sino en instrumentos activos dentro del aula; y que el internet sea una ventana permanente al conocimiento; y que la modernización educativa deje de ser una promesa para convertirse en una realidad sostenible en el tiempo y en base fundamental para el desarrollo social.

