
Por Roberto Campos Leyva
La salida del Dr. Carlos Rodríguez Rodríguez de la Prefectura Regional de La Libertad, oficializada mediante resolución suprema publicada por el Gobierno Nacional, marca el cierre de una etapa de servicio público que merece ser valorada con objetividad y sentido de justicia.
En tiempos en los que la función pública suele estar sometida a la crítica permanente y a las tensiones propias de la coyuntura política, resulta importante reconocer a quienes ejercen responsabilidades de Estado con dedicación, prudencia y respeto a la institucionalidad. Considero que ese fue el caso del Dr. Carlos Rodríguez durante el tiempo que estuvo al frente de la representación política del Poder Ejecutivo en nuestra región.
Su gestión se distinguió por mantener abiertas las puertas de la Prefectura Regional a las autoridades, organizaciones sociales y ciudadanos que requerían atención o buscaban canales de diálogo para plantear sus demandas. En una región compleja y dinámica como La Libertad, donde frecuentemente surgen conflictos sociales y desafíos en materia de seguridad ciudadana, la capacidad de concertación constituye una virtud indispensable.

He podido observar que el Dr. Rodríguez asumió sus funciones con serenidad y firmeza, procurando siempre contribuir al fortalecimiento de la gobernabilidad democrática y a la articulación entre los distintos niveles del Estado. Asimismo, mantuvo una presencia constante en las actividades cívicas y patrióticas que forman parte de las responsabilidades de la Prefectura, promoviendo el respeto a los símbolos nacionales y los valores republicanos.
Es evidente que toda gestión pública es perfectible y está sujeta a la evaluación ciudadana. Sin embargo, también es cierto que el reconocimiento a una labor cumplida constituye un acto de honestidad intelectual. En ese sentido, corresponde destacar el esfuerzo desplegado por el Dr. Carlos Rodríguez Rodríguez para representar al Gobierno Nacional en La Libertad con responsabilidad y compromiso.

Hoy que concluye esta etapa, le corresponde recibir el agradecimiento de quienes valoran el trabajo silencioso, muchas veces alejado de los reflectores, pero indispensable para preservar la institucionalidad y el diálogo democrático. Estoy seguro de que su experiencia profesional y su vocación de servicio seguirán siendo un aporte para nuestra región y para el país.
La función pública es transitoria; el legado de una gestión se construye a partir de las acciones y del respeto que se gana en el ejercicio del cargo. Por ello, considero justo expresar estas líneas de reconocimiento al Dr. Carlos Rodríguez Rodríguez por los servicios prestados a La Libertad y al Perú.


