
Escribe:
Juan Pardo
La noticia política de hoy en el país fue la decisión que adoptó el partido Alianza Para el Progreso (APP), que lidera César Acuña, de no seguir en alianza electoral con el Partido Popular Cristiano (PPC). Era la primera alianza que había surgido con miras a las elecciones presidenciales del 11 de abril del 2021.
El motivo de la ruptura, cuando aun estaba fresco el compromiso entre ambas agrupaciones, habría sido las divergencias o divisionismos insalvables que hay a lo interno del partido fundado por Luis Bedoya Reyes, a quien se le recuerda por su exitosa gestión municipal en Lima.
En un principio los apepistas, al interno de su organización, mostraron su desasosiego por la decisión adoptada por su dirigencia nacional, argumentando que el PPC tenía como objetivo no perder su inscripción en el Registro de Organizaciones Políticas del JNE. Para todos es sabido que Lima ya no es del PPC, como antes.
En realidad, no les faltaba razón, considerando el antecedente que cuando participó en alianza con el APRA lo hizo para salvar la valla electoral, ya que no tenía significativo arrastre electoral y que ahora pretendía igual, como eran conscientes los mentores pepecistas de la alianza.
Lo que decimos queda ratificado en una carta que, con fecha 13 de octubre, Javier Bedoya Denegri le envía al fundador del PPC, Luis Bedoya Reyes, donde le dice que “los dirigentes quisieron utilizar la alianza electoral con APP para evitar perder su inscripción” en el JNE.
Javier Bedoya Denegri, desde que el PPC casi desaparece en las elecciones pasadas, pretendía ser el salvador de esta organización política y pretendía postular a la presidencia en el 2021. Por lo tanto, él no estuvo de acuerdo con la alianza con APP, al igual que Lourdes Flores Nano y Javier Bedoya de Vivanco, que votaron en contra.
La intención de los dirigentes de APP, encabezados por su fundador César Acuña aceptaron la alianza con el PPC, a fin de “unir voluntades integradoras” en bien de la patria, que necesita de las fuerzas democráticas a fin de superar la grave crisis por la que atraviesa, no solo sanitaria, sino económica, moral y política.
La percepción que arrastra el PPC, es ser un partido político que representa a la más rancia y conservadora clase empresarial, que estuvo siempre, a través de sus dirigentes, al servicio de los grandes intereses económicos. Ese es el sello que le ha quedado al PPC en la historia política nacional.
En cambio, APP tiene un perfil distinto y una percepción también diferente. Tiene en sus filas, empezando por su fundador y presidente (César Acuña), a un emprendedor surgido de las entrañas mismas de la pobreza, lo que no sucede con los dirigentes pepecistas que nacieron en cuna dorada.
Los consagrados líderes conservadores pepecistas nunca por nunca iban aceptar mezclarse con apepistas progresistas, surgidos de abajo, como la mayoría de peruanos. La pituquería limeña, que aun cree que esta en su época dorada, no iba a tolerar como aliado a un provinciano, serrano y exitoso.
Hoy que se ha roto esta alianza electoral, que se veía, desde un comienzo, que iba a “hacer agua”, se nota en la masa apepista aires de un reconfortante entusiasmo, dispuesta a seguir trabajando para lograr que APP sea el gobierno del Bicentenario y empezar la verdadera transformación que la mayoría de peruanos anhelan.
El presidente de APP ha dicho, una vez más, que su partido tiene las puertas abiertas a todas las fuerzas políticas, partidos y movimientos regionales, con espíritu integrador, a unirse para hacer realidad el crecimiento y desarrollo descentralizado hacia el logro del bienestar común de todos los peruanos.

