DOMINGO VARAS, desde Madrid/ Borges, esa pasión secreta y pecadora

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Desde Madrid/ Borges, esa pasión secreta y pecadora

Por Domingo Varas Loli
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El estilo borgiano es uno de los milagros estéticos del siglo que termina, un estilo que desinfló la lengua española de la elefantiasis retórica, del énfasis y la reiteración que la asfixiaban…
Desde hace más de dos meses emprendí la búsqueda de Medio siglo con Borges (2020, Penguim Random House, 108pp), un libro de entrevistas, reseñas, notas y conferencias que Mario Vargas Llosa le ha dedicado al autor de El Aleph. En diversas ocasiones importuné a los dependientes de la FNAC y de la Casa del Libro de Madrid inquiriéndoles sobre la publicación de esta obra, cuyo lanzamiento editorial había sido postergado por la crisis sanitaria mundial. Hasta que el pasado miércoles, por fin, pude tener el codiciado libro en mis manos y leerlo de un tirón. Cuando culminé su lectura una difusa insatisfacción se apoderó de mí. Era, quizá, porque había esperado con impaciencia leer un texto de crítica literaria de la envergadura de La orgía perpetua, Historia de un deicidio, El viaje a la ficción, La utopía arcaica o La tentación de lo imposible.
Domingo Varas Loli, el autor del articulo en Madrid, España.
El problema era que yo había partido de una concepción errónea. Creía que Vargas Llosa había escrito un libro monográfico para brindarnos una panorámica exhaustiva de la vida y obra de Borges. Craso error. Medio siglo con Borges es un libro casi miscelánico en el que se reúnen textos escritos al fragor de la más efímera actualidad. No obstante la fugacidad que signa la escritura de estos textos, muchos de ellos no carecen del brillo, la penetración y la solidez argumentativa de las mejores obras de Vargas Llosa dedicadas al género de la crítica literaria. La labor crítica de este novelista ha sido tan destacada que algunos lo consideran más talentoso en este campo que en el de la creación literaria. Cabe señalar que uno de los méritos del autor de La ciudad y los perros consiste en haber superado la encrucijada entre la frívola crítica periodística y la hermética crítica académica preñada de un lenguaje esotérico y una monserga retórica, alejando al gran público de este género tan creativo que había tenido como cultores a excelentes intelectuales como Edmund Wilson, Ciryl Connolly, George Steiner o Lionel Trilling. Vargas Llosa suele practicar una disección sobre la obra de creación despertando el interés, la expectativa del lector por leer la obra sometida a escrutinio. Haber reconciliado la objetividad y el rigor de la crítica con la belleza del texto literario es, qué duda cabe, uno de sus más valiosos y lúcidos aportes. Los críticos ortodoxos le cuestionan haber creado su propia terminología y sus métodos de interpretación inspirados en su pasión de lector y su experiencia de creador. Términos como cráteres narrativos, caja chjina, vasos comunicantes, enumeraciones encantatorias, entre otros, reemplazan en su discurso crítico otros más esotéricos para el lector común y silvestre. Vargas Llosa ha logrado la proeza de convertir un texto de crítica literaria en un best seller, tal como sucedió con Historia de un deicidio, un libro tan ambicioso como Cien años de soledad, obra que le sirvió de objeto de análisis.
Medio siglo con Borges es una colección de textos que dan testimonio de una pasión que, durante un tiempo, fue secreta y pecadora. Hasta que liberado de la tutela intelectual de Sartre logró superar la visión del compromiso social del escritor. Lo comenzó a leer influenciado por Luis Loayza, el “borgiano de Petit Thouars”, con la sensación de cometer un adulterio y lo ha releído medio siglo con entusiasmo renovado. El texto más orgánico que contiene esta crestomatía es el denominado Las ficciones de Borges que escribió para dictar una charla y está fechado en Marbella el quince de octubre de 1987. Vargas Llosa sostiene que Borges superó, haciendo gala de erudición y una visión original, el complejo de inferioridad que aquejaba a los escritores latinoamericanos. Desde nuestros clásicos como el Inca Garcilaso o Sor Juana Inés de la Cruz ningún escritor de nuestras latitudes se había atrevido a confrontarse con la cultura occidental. “¿Quién, entre sus contemporáneos, se movió con igual desenvoltura por los mitos escandinavos, la poesía anglosajona, la filosofía alemana, la literatura del Siglo de Oro, los poetas ingleses, Dante, Homero, y los mitos y leyendas del Medio y el Extremo Oriente que Europa tradujo y divulgó? Pero esto no hizo de Borges un europeo”. Por el contrario el espíritu irreverente que compartió con los ultraístas durante su estancia en Madrid lo llevó a protagonizar una revolución estilística de la literatura latinoamericana sin parangón, una gesta literaria de mayor calado que la de Rubén Darío y el modernismo. “La revolución de Borges es unipersonal; lo representa a él solo” (p. 51), afirma Vargas Llosa.
Mario Vargas Llosa.
En el artículo Borges en París Vargas Llosa rememora cómo el año 1963 Francia reconoció la genialidad literaria de Borges. Fue con ocasión de un homenaje a Shakespeare en el que participaron Lawrence Durrell y Giuseppe Ungaretti en el que el argentino deslumbró con su acicalado francés y su original visión del dramaturgo inglés. Fue un amor a primera vista, a partir de este certamen la popularidad de Borges se acrecentó a escala universal y de ser un autor de culto de capillas literarias pasó a ser el escritor más traducido, admirado y citado de la literatura universal contemporánea. En esta colección de textos no se podía dejar de abordar las tirantes relaciones que Borges mantuvo con la política. En Borges, el político trata de echar luces sobre un asunto difícil de esclarecer y lleno de contradicciones. Las entrevistas a JLB revelan que ese género periodístico y literario no es el fuerte de Vargas Llosa; el resto de artículos (Onetti y Borges, Borges entre señoras y El viaje en globo) son textos de circunstancias que revelan aspectos puntuales de la vida y obra del autor de El Aleph.
Medio siglo con Borges está precedido por el poema Borges o la casa de los juguetes que explica porque en la trayectoria de Vargas Llosa la poesía no pasó de ser un devaneo juvenil en el que no persistió y un texto liminar fechado en el 2004 en el que esboza las razones de su pasión borgesiana. El balance final es que este libro no está a la altura de la obra de Jorge Luis Borges y es uno de los textos menos ambiciosos de la bibliografía crítica de Vargas Llosa. Al terminar de leerlo nos queda el sabor agridulce de que el autor no ha empleado sus mejores armas para escudriñar uno de los universos literarios más originales de las letras hispanoamericanas.

Manuel Rodríguez



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