CRÓNICA/// “LONCHO” VENEGAS, EL MÉDICO QUE NUNCA PERDIÓ LA FÉ EN LA VIDA

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Por:

Manuel Rodríguez Romero

Periodista

 

La medicina liberteña está de duelo. Hoy ha partido el médico otuzcano Leoncio Venegas Saavedra, recordado por generaciones de pacientes y colegas como un profesional de temple sereno, palabra prudente y vocación inquebrantable. Su fallecimiento marca el final de una trayectoria que dejó huella profunda en la salud pública de La Libertad, especialmente desde la dirección del Hospital Víctor Lazarte Echegaray, institución emblemática de EsSalud en el norte del país.

Nacido en la andina ciudad de Otuzco, Leoncio Venegas Saavedra “Loncho”, creció entre montañas, tradiciones y el esfuerzo cotidiano de una tierra que forja carácter. Como muchos jóvenes otuzcanos de su generación, entendió desde temprano que la educación era el único camino posible para servir y trascender.

Quienes lo conocieron en sus años de formación recuerdan a un estudiante disciplinado, de mirada atenta y espíritu solidario. La medicina no fue para él una simple profesión, sino una misión. Regresar siempre a su pueblo, visitar a su gente y mantener viva la identidad serrana fue una constante a lo largo de su vida.

EL LIDERAZGO EN EL HOSPITAL VÍCTOR LAZARTE

Su etapa más visible y trascendente se dio cuando asumió la dirección del Hospital Víctor Lazarte Echegaray, uno de los principales centros hospitalarios de la región. No fueron tiempos sencillos. Dirigir un hospital implica tomar decisiones difíciles, equilibrar recursos escasos y atender las crecientes demandas de miles de asegurados.

Venegas Saavedra imprimió un estilo de gestión basado en el diálogo con el cuerpo médico y el personal asistencial. Apostó por fortalecer los servicios, mejorar la organización interna y mantener la mística institucional en un contexto muchas veces adverso. Sus colegas destacan su capacidad para escuchar antes de decidir y su firmeza cuando la situación lo exigía.

En los pasillos del hospital aún se le recuerda recorriendo salas, conversando con pacientes y supervisando personalmente áreas críticas. Para él, la administración no podía desligarse del contacto humano.

MÉDICO ANTES QUE FUNCIONARIO

Más allá del cargo directivo, fue, ante todo, médico. De esos galenos formados en la vieja escuela, donde la anamnesis detallada y la conversación franca con el paciente eran parte esencial del tratamiento. Su vocación se medía en horas extendidas, en guardias silenciosas y en el compromiso con quienes confiaban en su diagnóstico.

Muchos pacientes lo evocan no solo por su conocimiento clínico, sino por su trato respetuoso y su empatía. En tiempos donde la medicina enfrenta el riesgo de la deshumanización, él representó una práctica cercana, ética y profundamente humana.

EL LEGADO

La partida de Leoncio Venegas Saavedra deja un vacío en el ámbito sanitario regional. Pero también deja un legado: el de un profesional que entendió la salud pública como un servicio social y no como una plataforma personal.

Otuzco pierde a uno de sus hijos ilustres; Trujillo y la región La Libertad despiden a un médico que supo conducir una institución clave en momentos decisivos. Sus colegas lo lloran; sus pacientes lo agradecen; su familia honra una vida de trabajo y coherencia.

En la memoria colectiva quedará la imagen del director que caminaba sin estridencias, del médico que escuchaba con paciencia y del hombre que jamás renegó de su origen serrano.

Hoy la medicina regional guarda silencio. Y en ese silencio, resuena el nombre de Leoncio Venegas Saavedra.

Manuel Rodríguez



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