CRÓNICA/// “La noticia que escribió mi destino»

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Escribe:

Manuel Rodriguez Romero

Periodista  Colegiado

  • A los 54 años de ejercer el periodismo recuerdo cómo una noticia escrita a mano y depositada en la estafeta de un diario de Trujillo marcaría el inicio de mi vocación que acompaña toda la vida.

Hay momentos en la vida que solo adquieren sentido cuando se miran desde la distancia. Hoy, después de 54 años ejerciendo el periodismo, estoy convencido de que mi destino comenzó a escribirse mucho antes de que supiera siquiera que existía esta profesión.

Todo empezó en Otuzco, mi tierra natal. Era apenas un adolescente que cursaba la educación secundaria en el histórico colegio Simón Bolívar. Sin que nadie me lo pidiera y sin imaginar que aquellos ejercicios tendrían algún valor, llenaba las páginas de mi cuaderno de borrador con noticias que escuchaba en un viejo receptor alemán Siemens de cinco bandas, alimentado por una batería de automóvil. Mi padre lo había llevado desde Trujillo y, para mí, aquel aparato era una ventana abierta al mundo.

Las voces de los locutores atravesaban montañas y fronteras. Hablaban de la Guerra de Vietnam, del conflicto en Camboya y de otros acontecimientos internacionales que parecían tan lejanos como fascinantes. Yo escuchaba con atención y luego, en silencio, escribía aquellas historias con mis propias palabras.

No existía en Otuzco una emisora donde pudiera leerlas. Tampoco había un periódico ni una revista que pudiera publicarlas. Eran simples ejercicios de redacción, impulsados únicamente por una fuerza interior que entonces no sabía explicar. Sin darme cuenta, estaba entrenando el oficio que terminaría convirtiéndose en la pasión de toda mi vida.

Aquellos juegos no terminaban al cerrar el cuaderno. En la intimidad de mi habitación simulaba ser locutor de noticias. Sin micrófono, sin consola y sin audiencia, imitaba la entonación de las voces que escuchaba por la radio. Repetía una y otra vez las lecturas hasta lograr el tono que, según mi imaginación, debía tener un verdadero periodista.

Nunca pensé que algún día viviría de esa profesión.

Los años pasaron y llegué a la Universidad Nacional de Trujillo para estudiar Educación, con especialidad en Historia y Geografía. La carrera de Periodismo no existía entonces en esa universidad; únicamente podía estudiarse en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima. Quizá, de haber existido en Trujillo, mi decisión habría sido distinta.

Con el tiempo descubrí que Historia y Periodismo guardan un profundo parentesco: mientras la primera estudia el pasado, el periodismo escribe la historia del presente. Cada noticia es un documento que el tiempo convierte en memoria.

Fue precisamente durante aquellos años universitarios cuando ocurrió el episodio que inspiró mi vida para siempre.

Un fin de semana viajé a Otuzco para visitar a mis padres. Al llegar encontré al pueblo profundamente conmocionado. Un agricultor había sido brutalmente asesinado. Sus victimarios lo golpearon y arrojaron su cuerpo a un profundo abismo en las alturas del río Pollo, donde finalmente fue encontrado sin vida.

La indignación era general. En las calles no se hablaba de otra cosa. Los pobladores exigían que la entonces Guardia Civil capturara a los responsables de aquel crimen.

Sin que nadie me lo encargara, sentí el impulso de averiguar lo ocurrido. Busqué el nombre de la víctima, conversé con sus familiares, escuché versiones, recogí datos y reconstruí los hechos. Actué por simple intuición, sin imaginar que estaba realizando mi primera cobertura periodística.

De regreso a Trujillo redacté cuidadosamente, a mano y en una sola hoja de papel, el relato de aquella tragedia. Luego caminé hasta las oficinas del diario La Gaceta, ubicadas en el jirón Bolívar, muy cerca de la antigua plazuela que llevaba el nombre del Libertador.

No conocía a ningún periodista. Nadie me esperaba.

Simplemente introduje mi escrito en la estafeta instalada en la puerta del periódico y me marché, convencido de que probablemente terminaría olvidado entre tantos papeles.

Al día siguiente ocurrió lo impensado.

Muy temprano compré el periódico en un quiosco. Al abrirlo, mis ojos quedaron inmóviles. Un enorme titular dominaba la primera página:

«Asesinan a campesino y lo arrojan cadáver a un abismo».

Debajo del texto aparecía, por primera vez en mi vida, una firma que jamás olvidaré:

Manuel Rodríguez Romero.

Sentí una emoción imposible de describir. Ver mi nombre impreso en un periódico fue una alegría inmensa. Aquel instante creo que marcó mi destino para siempre. Pienso que aquello que había comenzado como un juego de adolescente era, en realidad, una vocación que había nacido conmigo.

Luego los 6 ex alumnos bolivarianos que habíamos ingresado a la Universidad Nacional de Trujillo, acordamos fundar el Círculo de Estudiantes del Norte. En una reunión realizada en Otuzco, en casa del popular Chale (Carlos Armas Morachimo) durante nuestras vacaciones de medio año, acordamos fundar una revista. Fue a mi propuesta. El nombre fue “Luz y Verdad. Por unanimidad mis compañeros me designaron director. Fue otra señal de que mi ruta hacia el periodismo estaba marcada.

Pocos años después, en 1971, el periodismo dejó de ser una curiosidad para mí para convertirse en mi razón de vivir. Ha sido mi escuela, mi pasión, mi compromiso con la verdad y también el sustento de mi familia durante más de medio siglo.

Hoy, al evocar ese primer artículo publicado en La Gaceta de Trujillo —un diario regional que ya forma parte de la historia del periodismo liberteño—, entiendo que los sueños no siempre llegan anunciados. A veces nacen silenciosamente, en un cuaderno escolar, en la voz imaginaria de un muchacho que juega a ser locutor o en una hoja manuscrita depositada con timidez en la estafeta de un periódico.

Sin saberlo, ya había comenzado a escribir la historia de toda una vida dedicada al periodismo. Trabajé en los diarios La Industria y en La República/Edición Norte y en otra entidades privadas y públicas y llegué a ser dos veces decano regional del Colegio de Periodistas de La Libertad y vice decano nacional del Colegio de Periodista del Perú. Parece un sueño.

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Manuel Rodríguez



El Nuevo Lider

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