CRÓNICA INÉDITA/ La clausura militar del diario La Industria de Trujillo (Parte I)

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Escribe:

Manuel Rodríguez Romero

Periodista Colegiado

 LUNES 18 DE JULIO DE 1977. La historia comenzó cinco minutos antes de las diez de la noche, víspera del paro nacional convocado por la GCPT y otras organizaciones laborales y sociales del país, en protesta contra el régimen militar del general EP Francisco Morales Bermúdez Cerruti, que reemplazó el 29 de agosto de 1975 en la presidencia de la nación, al general EP Juan Velasco Alvarado.

El hecho no ha quedado en el olvido, pese a que nadie ha escrito algo al respecto, eso creo, porque han transcurrido 43 años y no he leído en ninguna parte sobre este acontecimiento, tampoco en Memorias de Papel/ 120 años de Historia y Periodismo, editado por el diario La Industria de Trujillo. La historia no se puede omitir.

Se trata de la clausura del diario La Industria, el sub decano de la prensa nacional, durante 21 días, ordenada por el gobierno militar de Morales Bermúdez Cerruti, en momentos en que el país estaba convulsionado por movimientos populares, ante el endurecimiento de la política económica y laboral del régimen militar. Fue en vísperas del histórico paro nacional del 19 de julio de 1977.

Diez de la noche. Era el comienzo del cierre de edición del diario de Gamarra, con la selección de las mejores noticias para incluirlas en la primera página e identificar la noticia “abridora”, la de mayor impacto. Por entonces La Industria bajó su tiraje de impresión de 35, 000 a 19,900 ejemplares por día, distribuidos principalmente en Trujillo, Chimbote, Cajamarca y Chepén. La reducción fue adrede, para evitar una posible socializacion, que la ley aplicó a los diarios de circulación nacional durante el mandato del general Velasco.

Por esa época el director del diario era Carlos Castro Cruzado, que como tal tenía que estar en todas las circunstancias de la edición, hasta empezar el proceso de impresión. El cierre de edición, casi siempre, era tenso y expectante hasta determinar la noticia y el titular principal de primera plana, que era la última en editar. Era una enorme responsabilidad el cierre de edición, pero al mismo tiempo una gran satisfacción.

Esa noche del lunes 18 me correspondía hacer turno hasta pasada la medianoche, hasta que termine el proceso de composición en talleres y verificar que las páginas estén en fotolitos (que era como el negativo de una fotografía). Mi director, que era un “ladrillo” trabajando, iba a dormir a su casa recién a eso de la una de la madrugada.

Esa noche a Carlos Castro le ocurrió algo inesperado y tenía que ausentarse por un momento y me encargó que vaya avanzando el cierre de edición. Gran y delicada responsabilidad. Mi ventaja es que sabía también diagramar y titular. En ese entonces la diagramación era manual (con papel a escala y regla), no teníamos como ahora la facilidad del sistema digital.

Ocurrió lo inesperado. Estaba en la Dirección, que quedaba en el primer piso, pasando el patio. De pronto entró a la oficina un mayor del Ejército y los 40 soldados que lo acompañaban se distribuyeron por los diversos ambientes. Especialmente, ingresaron a las áreas de talleres y planta de impresión, donde estaba la rotativa.

¿Dónde están los comunicados de la Federación Bancaria, de la CGPT, del Partido Comunista?, me preguntó sin ningún protocolo el oficial del Ejército, indicando sin mayor explicación que se trataba de una intervención. Al preguntar por el director, le di las explicaciones pertinentes. No había tales comunicados o en todo caso los comunicados llegaban como avisos contratados por el área de Publicidad e iban luego al de talleres, para su respectiva composición.

Como se trataba de una intervención militar los soldados invitaron a los trabajadores, “cordialmente” y apuntándonos con la bayoneta de sus armas, a salir a la calle. El viejo portón la habían cerrado y dos soldados se habían apostado en él, para evitar que alguien ingresara. Por aquel entonces el jefe político militar en el departamento La Libertad era el coronel EP Fernández Péndola.

En un principio pensé que la ocupación militar era solo para parapetarse, para que los soldados al día siguiente pudieran salir en caso de producirse desmanes de los manifestantes durante el paro. No fue así. Al día siguiente al volver a fin de estar mejor enterados, nos dijeron que el diario había sido clausurado por orden del gobierno.

La clausura fue levantada a los 21 días. El día de la reapertura, la Policía de Investigaciones del Perú (PIP), por orden de un coronel de apellido Rivadeneira, apresó a más de una docena de compañeros, la mayoría periodistas, que fueron llevados a los calabozos de San Andrés (donde a algunos los hicieron renunciar al trabajo) y otros al Sexto de Lima, junto con dirigentes detenidos del SUTEP, CGTP, etc.

  • Referencias del autor: Trabajó en La Industria (1973-1996) como redactor, editor del suplemento dominical LLaqtary, jefe de Informaciones, jefe de Redacción y editor del Dominical y director encargado.

Manuel Rodríguez



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