

Por:
Manuel Rodríguez Romero
Periodista
Hay fotografías que no solamente retratan un instante. También tienen la capacidad de abrir una puerta hacia el pasado y devolvernos, por unos segundos, los rostros, las costumbres y los escenarios de un pueblo que ya no existe de la misma manera.
Esta fotografía es una de ellas.
En plena Plaza de Armas de Otuzco, un toro corre ante la mirada expectante de los pobladores. Al fondo aparece el antiguo Palacio Municipal. Es una escena que hoy podría parecer imposible, pero que pertenece a la historia de la ciudad.
La fotografía fue tomada en la década de 1940, durante las celebraciones de diciembre en honor a la Inmaculada Virgen de la Puerta, la venerada patrona de Otuzco. Por aquellos años, las corridas de toros formaban parte de los festejos que acompañaban las grandes celebraciones religiosas y populares de la ciudad.
La Plaza de Armas, escenario habitual de reuniones, procesiones y acontecimientos importantes, podía transformarse entonces en improvisado ruedo. Los toros y los hombres ocupaban el centro de la escena mientras, alrededor, el pueblo participaba de aquella fiesta que mezclaba tradición, religiosidad y costumbres populares.
Pero el tiempo pasó.
Cuando yo era niño, en la década de 1960, las corridas de toros ya no se realizaban en la Plaza de Armas. Mi recuerdo las ubica en la Pampa Santa Rosa, espacio que también funcionaba como campo de fútbol. Allí, durante las fiestas, se reunía la gente para presenciar las corridas y compartir aquellos momentos que hoy sobreviven principalmente en la memoria de quienes los vivimos.
Recuerdo aquel Otuzco de mi infancia con sus calles, sus plazas, sus campanas y sus fiestas. Un Otuzco más pequeño, pero inmenso en tradiciones; un pueblo donde las celebraciones religiosas tenían una dimensión profundamente comunitaria y donde cada fiesta parecía detener el tiempo.
Hoy, las cosas han cambiado.
Durante la festividad de diciembre en honor a la Virgen de la Puerta, ya no se realizan corridas de toros en Otuzco. La tradición taurina, sin embargo, no ha desaparecido completamente de los pueblos del ande. Todavía se mantiene, con sus propias características y en distintos momentos festivos, en lugares como Usquil, Carata y Mache, entre otros pueblos de la sierra liberteña, así como en Huamachuco.
Por eso, esta antigua fotografía adquiere un valor especial.
No estamos viendo solamente una corrida de toros. Estamos contemplando una escena del Otuzco de ayer, cuando las costumbres eran distintas, cuando la Plaza de Armas podía convertirse en ruedo y cuando las fiestas de la Virgen de la Puerta se vivían con otras formas de celebración.
Las fotografías antiguas tienen esa magia: nos permiten regresar a lugares donde ya no podemos volver físicamente.
Y al mirar esta imagen, uno siente que el tiempo se detiene. Allí está la Plaza de Armas. Allí está el antiguo Palacio Municipal. Allí está el toro. Y, alrededor, está aquel Otuzco que nuestros padres, nuestros abuelos y nosotros mismos fuimos construyendo con recuerdos.
Otuzco cambia, las costumbres cambian, las generaciones pasan. Pero la memoria permanece.
Y mientras existan fotografías como esta, el Otuzco de ayer seguirá conversando con el Otuzco de hoy.

