
Escribe:
Carlos Ramos G.
Comunicador Social
El refrán popular de origen español: “El que no tiene padrino, no se bautiza” lo escuchaba decir muy a menudo a mis abuelos, cuando era niño por su puesto, y se relacionaba a la influencia de alguien para lograr algún propósito o beneficio. Es decir, este refrán se utilizaba, y se utiliza aun en tiempos modernos, para recordar la necesidad de confiar siempre con influencias y recomendaciones para lograr algo.
Como es natural, la influencia emanaba de quien tenía poder, de ahí que era común escuchar de la gente la frase: “que buen padrino que tienes” o “ha entrado a trabajar porque tiene padrino”. En realidad, muchas veces, este ha sido y es el modus operandi para conseguir trabajo, en el sector público, generalmente.
En todas partes se “cuecen habas” y por muy democráticos que hayamos llegado a ser, la cultura de elección a dedo se da hasta en los concursos amañados. Esto sucede, hasta ahora, en los gobiernos locales, regionales y ministerios. No nos es extraño, de ahí que en los concursos para plazas de trabajo hay mucha desconfianza, debido al escaso o nulo control riguroso en los procesos, que de haberlo evitarían injusticias.
En los gobiernos subnacionales (municipios y regiones), por ejemplo, es donde más ha calado este injusto sistema de colocar, en base a influencias, a trabajadores de todo nivel y jerarquía, bien por afinidad política, amical o de otra índole; no se respeta la meritocracia, que debe primar, si se desea eficiencia.

Es precisamente en los municipios y gobiernos regionales donde más abunda la designación a dedo de los cargos, incluso en los convocados a concurso público. Las plazas ya están pre destinadas y los concursos son una pantomima. Así sucede también en otros organismos del Estado. Esta situación debe ser abordada por los congresistas, a fin de tener leyes más rigurosas y evitar que se juegue con el futuro de los jóvenes profesionales.
Hay profesionales que se han “sacado el ancho”, como se dice en lenguaje popular, estudiando cinco años en las universidades, que han seguido maestrías y hasta doctorados, para permanecer rezagados en las oficinas del sector público, sin tener en cuenta sus méritos, experiencia y capacidad profesional.
Los cargos que deberían ser ocupados por estos, son ocupados por otros que llegaron por el único requisito de tener un buen padrino o un buen “enganche”. Son los políticos los que no les interesa la meritocracia, aun cuando el Estado requiere de profesionales idóneos para alcanzar eficiencia, que repercuta en el desarrollo y bienestar de la población.
Ojalá que algún día no volvamos a escuchar este refrán: “El que no tiene padrino, no se bautiza”, que grafica la forma de como llegan algunos o muchos a ocupar cargos en la administración pública por influencia o por la “vara” que tienen, que a la postre es una tremenda injusticia, que afecta a quienes con mucho esfuerzo han terminado una carrera profesional.

