
Por:
Manuel Rodriguez Romero
Periodista
Escribir sobre un hermano siempre es difícil. Más aún cuando ese hermano ha decidido ingresar a la política y su nombre aparece en una lista electoral.
En mi caso, la dificultad es doble: soy su hermano y soy periodista.
Por eso, antes de escribir esta crónica, debo hacer una precisión que considero indispensable para el lector: Luis Antonio Rodríguez Romero es mi hermano. No pretendo ocultarlo ni presentarme como un observador completamente ajeno a su historia.
Escribo, por tanto, desde una posición particular: la de un periodista que conoce al personaje desde mucho antes de que apareciera en una cédula electoral y que, al mismo tiempo, debe respetar la responsabilidad que implica escribir sobre política.
Luis Antonio ha decidido postular como primer regidor del distrito de La Esperanza, Trujillo. Y esa decisión abre para él un nuevo capítulo.
Lo conozco como hermano, pero serán los ciudadanos quienes lo están conociendo como candidato.
Ahí comienza la diferencia.
Mi afecto familiar pertenece al ámbito privado. Su candidatura pertenece al espacio público. Y es en ese espacio donde está explicando sus propuestas, responder a las críticas, demostrar sus capacidades y asumir las consecuencias de sus decisiones.
No sería ético convertir esta crónica en una simple exaltación familiar.
Tampoco sería honesto negar los sentimientos que inevitablemente aparecen cuando uno escribe sobre alguien con quien comparte una historia de vida.
Por eso prefiero hablar de un desafío.
La Esperanza no necesita solamente candidatos. Necesita personas dispuestas a escuchar a sus vecinos, conocer sus problemas y asumir responsabilidades. Y él los conoce en los 20 años de dirigente vecinal del sector “Manuel Arévalo”, caminando sus calles todos los días, dialogando con sus vecinos siempre.
Luis Antonio ha decidido dar ese paso.
Ahora comienza el verdadero examen: el de la ciudadanía.
Como hermano, naturalmente, deseo que le vaya bien.
Como periodista, tengo otra obligación: contar las cosas como son y dejar que los ciudadanos saquen sus propias conclusiones.
Porque finalmente no será el hermano, ni el periodista, quien decida.
Será el pueblo de La Esperanza.

