OPINIÓN/// ESFUERZO RURAL CONVERTIDO EN ORGULLO REGIONAL

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Por:

Manuel Rodriguez Romero

Periodista

En un país donde muchas veces el reconocimiento llega tarde —o nunca—, resulta significativo que desde el Estado se miren historias que nacen lejos de las ciudades, pero que logran conquistar escenarios internacionales. La reciente entrega de la Medalla de La Libertad a la Asociación de Pequeños Productores Agropecuarios “Perla del Paraíso”, del distrito de Agallpampa, en la provincia de Otuzco, es un mensaje fuerte sobre el valor del trabajo rural organizado.

Este reconocimiento, otorgado por el Gobierno Regional de La Libertad en el marco del Programa Cultura de Reconocimiento, pone en evidencia algo que durante años ha sido subestimado: el enorme potencial productivo que existe en las comunidades de La sierra. No se trata solo de premiar a una asociación exitosa, sino de reivindicar un modelo de desarrollo que nace desde abajo, con esfuerzo colectivo, innovación y una clara visión de futuro.

“Perla del Paraíso” es el resultado de años de trabajo sostenido de 24 pequeños productores que apostaron por la calidad, la capacitación constante y la mejora continua. Sus quesos madurados y semimadurados —entre ellos variedades tipo suizo y andesano— no solo cumplen estándares técnicos de alto nivel, sino que han logrado posicionarse en uno de los mercados más exigentes: el internacional. Las múltiples medallas obtenidas en eventos como la Expo Queijo Brasil, incluido el doble oro en el 2024, no son solo trofeos; son evidencia de que la excelencia también se produce en el campo liberteño.

Pero detrás de este éxito hay otro elemento clave que merece ser destacado: la articulación. El acompañamiento de programas como PROCOMPITE, junto al soporte técnico de organizaciones como Cedepas Norte, demuestra que cuando el Estado, la cooperación y los productores trabajan en conjunto, los resultados pueden ser extraordinarios. Este tipo de experiencias debería dejar de ser la excepción para convertirse en la regla.

Pero es necesario ir más allá del reconocimiento simbólico. Condecoraciones como la Medalla de La Libertad deben ir acompañadas de políticas sostenidas que garanticen que más asociaciones sigan este camino. El reto es claro: ¿cómo replicar este modelo en otras zonas rurales? ¿Cómo asegurar que el talento y la capacidad productiva no dependan únicamente de esfuerzos aislados?

Lo ocurrido en Agallpampa nos deja una lección evidente: el desarrollo regional no solo se construye desde las grandes inversiones o los centros urbanos, sino también desde pequeñas organizaciones que, con disciplina y visión, logran transformar su realidad. “Perla del Paraíso” no solo produce quesos de alta calidad; produce esperanza, identidad y un renovado orgullo por lo nuestro.

Hoy, más que celebrar un reconocimiento, corresponde asumir un compromiso: seguir apostando por los pequeños productores, porque en ellos no solo está el presente del agro, sino también una parte fundamental del futuro del país.

Manuel Rodríguez



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