

Por:
Manuel Rodríguez Romero
Periodista
La muerte llegó de manera repentina. Un infarto terminó con la vida de Celso Rodríguez Jácobo, dirigente social, emprendedor y vecino emblemático del asentamiento humano Pesqueda (Trujillo), en el sector San Francisco. Su partida sorprendió a quienes lo conocimos como un hombre de lucha, perseverante y profundamente comprometido con su comunidad.
Rodríguez Jácobo no solo fue un dirigente barrial. También fue un emprendedor que hizo empresa en el rubro de la sastrería, actividad que le permitió ganarse el respeto de comerciantes y vecinos. En los últimos años se desempeñaba como presidente del Shopping Center, establecimiento comercial ubicado en la calle Ayacucho, en pleno centro histórico de Trujillo.
El destino quiso que su vida se apagara en medio de una jornada tensa. La muerte lo sorprendió precisamente cuando personal municipal de Trujillo había dispuesto la clausura de ese centro comercial, un lugar que para él representaba también el esfuerzo de muchos pequeños comerciantes.
Celso Rodríguez antes que muera concedió entrevista a Sol TV.
Pero la historia de Celso Rodríguez se había comenzado a escribir mucho antes, en tiempos en que la pobreza obligaba a cientos de familias humildes a buscar un lugar donde vivir.
Corría abril de 1983 cuando cerca de 450 familias pobres, sin vivienda ni oportunidades, ocuparon las inhóspitas laderas del cerro Pesqueda. Era un lugar duro, pedregoso, polvoriento y sin servicios básicos. Muchos trujillanos conocían el cerro porque cada primero de mayo subían hasta su cima para florecer, pero para esas familias sería el inicio de una lucha por sobrevivir.
Entre los dirigentes que encabezaron aquella gesta estaban: Celso Rodríguez, Alfredo Florián y Agustín Llanos. Los tres asumieron la responsabilidad de defender a las familias frente a la amenaza constante de ser desalojadas. No pedían privilegios; pedían simplemente un pedazo de tierra donde construir un hogar.
El primer gran logro llegó poco después. Once piletas de agua con reservorios fueron instaladas en la parte alta del cerro, permitiendo que las familias tuvieran acceso al líquido vital. Aquella obra fue posible gracias a la decisión del entonces alcalde de Trujillo, Luis Santa María Calderón, quien conoció la dramática situación tras la publicación de un reportaje que publiqué en el diario La Industria.
La historia tuvo un momento decisivo cuando el alcalde me pidió que los dirigentes del cerro los lleve a su despacho. Al día siguiente, Celso Rodríguez, Alfredo Florián y Agustín Llanos ingresaron a la oficina municipal. Tras escuchar su relato, Santa María dispuso de inmediato la instalación provisional del servicio de agua potable.
Ese fue el comienzo de algo más grande: el inicio de la permanencia definitiva de aquellas familias en el lugar que con el tiempo se convertiría en su hogar.
Hoy, décadas después, el nombre de Celso Rodríguez Jácobo vuelve a resonar entre quienes recuerdan aquellos años difíciles. Para muchos vecinos de Pesqueda, su historia está ligada al origen mismo de la comunidad.
Se fue un dirigente, un emprendedor y un hombre que nunca olvidó de dónde venía.
Celso descansa en paz.
Su pueblo no olvida lo que hizo por él.

