TRUJILLO RECIBE A GRANDES ESCRITORES, PERO ¿QUÉ LES MOSTRARÁ DE SUS BIBLIOTECAS?

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  • La Feria Internacional del Libro se inicia este domingo 27. La Municipalidad de Trujillo apoya su realización, pero existe una contradicción que no podemos ocultar: una ciudad que se proclama Capital de la Cultura del Norte del Perú no puede mantener sus libros abandonados en ambientes inadecuados

Por: Manuel Rodríguez Romero

Periodista

Presidente de la Asociación Cultural Manuel Jesús Orbegozo

Este domingo 27 se inicia en Trujillo la Feria Internacional del Libro, acontecimiento cultural que reunirá a notables escritores nacionales y extranjeros y que merece, sin duda, el respaldo de la ciudad.

La Municipalidad Provincial de Trujillo ha decidido apoyar la realización de esta importante actividad, organizada por una entidad privada de Lima. Es una decisión que debemos saludar porque toda iniciativa que acerque los libros, los escritores y la lectura a los ciudadanos contribuye a fortalecer nuestra vida cultural.

Pero precisamente por la importancia de esta feria debemos formular una pregunta incómoda: ¿Qué impresión se llevarán los escritores nacionales y extranjeros cuando conozcan la situación de las bibliotecas de Trujillo?

Porque mientras la ciudad se prepara para recibir a escritores, editoriales y lectores, existen miles de libros que forman parte de nuestro patrimonio bibliográfico y que permanecen en condiciones que no corresponden a una ciudad que se presenta como Capital de la Cultura del Norte del Perú.

El caso de la Biblioteca Manuel Jesús Orbegozo es particularmente preocupante. Los libros que durante años pertenecieron al destacado periodista y escritor Manuel Jesús Orbegozo fueron entregados para que estuvieran al servicio de la comunidad. Se trata de una colección de enorme valor cultural y periodístico que debería encontrarse en un espacio digno, accesible y adecuado para la lectura y la investigación.

Sin embargo, esos libros han sido retirados del lugar donde funcionaba la biblioteca desde el 2012 y trasladados a ambientes vinculados a una piscina, donde se encuentran almacenados en condiciones que generan preocupación por su conservación y, sobre todo, porque no están cumpliendo plenamente la finalidad para la cual fueron destinados: servir a los lectores.

Y aquí aparece una contradicción que debería interpelarnos a todos.

Mientras Trujillo abre sus puertas para recibir a escritores de reconocida trayectoria, miles de libros permanecen sin el espacio digno que merecen.

Mientras se habla de cultura, los libros esperan. Mientras se promociona una feria internacional, una biblioteca necesita ser recuperada. Mientras llegan escritores de otras ciudades y países, Trujillo debe preguntarse qué imagen cultural les está ofreciendo.

La Feria Internacional del Libro no debería ser un acontecimiento aislado del resto de la política cultural de Trujillo. Una ciudad verdaderamente comprometida con el libro debe tener una feria importante, pero también debe tener bibliotecas funcionando; debe recibir escritores, pero también conservar a sus propios autores; debe vender libros, pero también proteger sus colecciones históricas.

Manuel Jesús Orbegozo mostrando los libros y objetos de valor histórico de sus innumerables viajes por el extranjero, entre ellos el Rosario de Santa Teresa de Calcuta.

La feria puede durar varios días. La cultura de una ciudad debe durar todo el año.

Por eso, el entusiasmo que genera la llegada de escritores nacionales y extranjeros debería servir también para mirar hacia dentro y preguntarnos qué estamos haciendo con nuestras propias bibliotecas.

No podemos recibir con honores a quienes vienen a hablar de libros y, al mismo tiempo, mantener nuestros propios libros arrinconados.

¿Qué pensarán quienes nos visitan?

Imaginemos por un momento a un escritor extranjero recorriendo Trujillo después de participar en la feria. Es posible que admire nuestra Plaza de Armas, nuestras casonas, Chan Chan, nuestras iglesias, nuestros museos y nuestra historia.

Pero si pregunta:

—¿Dónde está la gran biblioteca de Trujillo?

¿Qué respuesta podremos darle?

Y si pregunta por la biblioteca de un periodista como Manuel Jesús Orbegozo, corresponsal de guerra en Vietnam y Camboya, escritor y figura fundamental del periodismo peruano, ¿qué le diremos?

¿Que sus libros están guardados en ambientes que no fueron concebidos como biblioteca?

¿Que una colección donada a la ciudad no tiene todavía el espacio cultural que merece?

La pregunta resulta inevitable porque la manera en que una sociedad trata sus libros dice mucho de la importancia que concede al conocimiento.

No es una crítica a la Feria; es una llamada de atención. Que quede claro: la Feria Internacional del Libro debe realizarse y debe tener todo el éxito posible. Los escritores invitados deben ser recibidos con respeto y entusiasmo. Los lectores trujillanos merecen tener acceso a sus obras.

La feria es una buena oportunidad, debemos aprovecharla para plantear un desafío mayor:

¿Por qué no convertir esta feria en el punto de partida para una verdadera política municipal del libro y las bibliotecas?

Que los visitantes no solamente encuentren una feria. Que encuentren una ciudad que lee. Que encuentren bibliotecas abiertas. Que encuentren colecciones bien conservadas. Que encuentren espacios para escritores. Que encuentren jóvenes leyendo. Que encuentren una ciudad orgullosa de su patrimonio intelectual.

Trujillo merece una gran biblioteca

Trujillo tiene historia suficiente para contar con una gran biblioteca pública moderna, accesible y digna de su condición de capital cultural.

No se trata de construir simplemente otro edificio.

Se trata de crear un espacio donde confluyan los libros, la investigación, la memoria, la tecnología, los escritores y los lectores. Y allí debería tener un lugar especial la colección de Manuel Jesús Orbegozo. Los libros de Orbegozo no deben ser considerados objetos que ocupan espacio. Son memoria cultural.

No deben permanecer abandonados. No deben estar condenados a la humedad, al polvo o al olvido. Deben volver a las manos de los lectores.

Porque no podemos proclamar a Trujillo como Capital de la Cultura del Norte del Perú y, al mismo tiempo, permitir que sus libros permanezcan abandonados.

La cultura no termina cuando se desmontan los stands de una feria. La cultura continúa en las bibliotecas. Y los libros de Trujillo merecen, de una vez por todas, un lugar digno

Manuel Rodríguez



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