
- Una historia que comenzó en Otuzco y continúa escribiéndose en las páginas del periodismo
Por Manuel Rodríguez Romero
Periodista
Hay vidas que se construyen con grandes decisiones. La mía comenzó, quizá, con una pequeña curiosidad: escuchar las noticias en el viejo radio de mi padre.
Han pasado 54 años desde que ingresé al periodismo y, cuando intento encontrar el momento exacto en que nació esta vocación, inevitablemente regreso a Otuzco, a mi infancia, a mi casa y a aquel receptor Siemens de cinco bandas que funcionaba con batería.
Era un niño y escuchaba voces que hablaban de Vietnam, Camboya y de acontecimientos que sucedían en lugares que parecían estar al otro lado del mundo.
Yo no sabía que aquellas voces estaban despertando en mí una vocación.
Tampoco sabía que, muchos años después, dedicaría más de medio siglo de mi vida a buscar noticias, entrevistar personas, escribir crónicas y tratar de convertir los acontecimientos cotidianos en memoria.

1975 con ministros del gobierno militar de Juan Velasco.
TODO COMENZÓ EN OTUZCO
Nací el 6 de enero de 1949 en Otuzco.
Allí están mis primeras raíces, mis primeros recuerdos y buena parte de las historias que todavía llevo conmigo.
La escuela San José, el colegio Simón Bolívar, la plaza, las calles de mi pueblo, las campanas, las personas que conocí en aquellos primeros años.
También están las religiosas Francisca e Imelda, que dejaron huella en mi formación y que llegaron a pensar que aquel muchacho podía continuar sus estudios en el Seminario del Cusco.
Quizá mi vida habría tomado otro rumbo. Pero mi madre, Graciela Romero Flores, no pudo soportar la idea de que su hijo se marchara tan lejos. Sus lágrimas fueron más fuertes que aquella propuesta.
Con los años, la frase se convirtió casi en una anécdota familiar: “Si no fuera periodista, hubiera sido cura”. La vida tenía reservado otro camino.
EL MUCHACHO QUE ESCRIBÍA NOTICIAS
En el colegio Simón Bolívar comenzaron mis primeros ejercicios periodísticos. No tenía una redacción, ni una máquina de escribir, ni un editor que corrigiera mis textos.Tenía solamente curiosidad.
Escuchaba las noticias en la radio y luego intentaba escribirlas.
Hoy comprendo que allí estaba naciendo el periodista. Mucho antes de conocer la palabra vocación, ya estaba ejerciéndola de alguna manera.
A los 17 años llegué a Trujillo e ingresé a la Universidad Nacional de Trujillo.
Pasé el examen en primera opción, después de enfrentar ocho pruebas, incluidas las eliminatorias de Matemática y Ortografía. Estudié Educación Secundaria, especialidad Historia y Geografía, porque en aquellos años la universidad no ofrecía la carrera de Periodismo.
Pero mi destino profesional ya estaba buscando otra puerta. La encontró en una radio.
1971: EL PRIMER PASO
En 1971 ingresé a Radio Sudamericana. Tenía 20 años. No imaginaba entonces que aquella experiencia sería el comienzo de una trayectoria de 54 años.

LA INDUSTRIA: UNA SEGUNDA UNIVERSIDAD
Después llegaría La Industria de Trujillo. Y puedo decirlo sin exageración: La Industria fue para mí otra universidad. Allí aprendí el oficio en una verdadera sala de redacción. Casi 25 años permanecí vinculado a ese diario, desempeñando responsabilidades como jefe de Redacción y director encargado.
Fueron años de máquinas de escribir, teléfonos que no dejaban de sonar, fotógrafos que salían apresurados a buscar una imagen y periodistas que corrían detrás de la noticia.
No existían las redes sociales. No existían los teléfonos inteligentes. No existía Internet. La noticia había que buscarla. Había que caminar las calles. Había que preguntar. Había que esperar. Y había que comprobar.
Aquella época dejó en mí una convicción que todavía conservo: el periodista debe estar donde ocurre la noticia.

DOS CARGOS A LA VEZ: 10 AÑOS, RECORD
Hay recuerdos que el tiempo no consigue borrar. Uno de ellos ocurrió a fines de agosto de 1985. Pero antes, luego de Fiestas Patrias había sido designado Jefe de Redacción por el Directorio de la Empresa Editora La Industria S.A. que presidia María Ofelia Cerro Moral.
Estaba en la Redacción de La Industria, cuando sonó el teléfono. Era una llamada de Ofelia Moral viuda de Cerro, dueña principal de la empresa.
Aquella comunicación terminaría sumando una seria y gran responsabilidad más dentro del diario: fui designado editor del suplemento dominical. Como dije días antes había sido designado Jefe de Redacción. Fue una etapa que recuerdo con especial cariño, porque el suplemento permitía hablar de cultura, literatura, historia, personajes y acontecimientos que muchas veces quedaban fuera de la información diaria.
Allí confirmé que el periodismo no solamente debe contar lo que ocurre.
También debe preservar lo que somos. Tras renunciar en enero del diario La Industria, en enero de 1997 me pidieron ser editor regional del diario La República.
El periodismo mer llevó a desempeñar el cargo de primer gerente de Imagen Institucional de la Municipalidad Provincial de Trujillo y luego asesor de Prensa de la Alcaldía, y luego asesor de Prensa de la Gobernación Regional de La Libertad. En la actualidad soy editor de la revista Binacional CLAVE (Perú-México) y editor del diario El Nuevo Líder, asimismo director en La Libertad de Noti-america.com el periódico digital mas grande del continente, que dirige en Perú Geomar Pacheco.

LOS AÑOS GREMIALES
El periodismo también me llevó a asumir responsabilidades gremiales.
Fui dos veces decano del Colegio de Periodistas del Perú, Consejo Departamental La Libertad, y posteriormente ejercí como vicedecano nacional.
Aquella etapa me permitió comprender que defender el periodismo significa también defender la libertad de expresión, la ética profesional y la dignidad de quienes ejercen esta profesión.
Nunca he entendido el periodismo como un instrumento para servir intereses particulares. Lo he entendido como un servicio a la sociedad.

Juramentando como decano regional de La Libertad en 1993.
PERSONAJES QUE ENCONTRÉ EN EL CAMINO
Durante estos 54 años he conocido a muchas personas. Algunas ocuparon grandes cargos. Otras nunca aparecieron en una portada. Pero todas tenían algo que contar. El periodista aprende con el tiempo que la historia no siempre está en los grandes personajes. A veces está en un campesino. En una maestra. En una madre. En un trabajador. En un anciano que guarda un documento durante décadas. En una fotografía antigua. En una pequeña historia familiar.
Por eso me gusta la crónica.
Porque la crónica permite mirar al ser humano detrás de la noticia.
OTUZCO, SIEMPRE PRESENTE
Nunca he dejado de ser aquel muchacho de Otuzco.
Aunque mi vida profesional se desarrolló fundamentalmente en Trujillo, mi tierra siempre regresó a mis páginas.
He escrito sobre sus personajes, sus tradiciones, sus documentos, sus acontecimientos históricos y sus hombres y mujeres. Quizá porque uno puede salir de Otuzco. Pero Otuzco nunca sale de uno.
Cada vez que rescato una historia de mi pueblo siento que estoy devolviendo algo de lo mucho que recibí durante aquellos primeros años.

En el 2011 cuando fue decano departamental del Colegio de Periodistas de La Libertad declaré Amauta del Periodismo al maestro Segundo Llanos Horna.
CINCUENTA Y CUATRO AÑOS DESPUÉS
Hoy, cuando han transcurrido 54 años, miro hacia atrás y veo diferentes épocas del periodismo.
Vi desaparecer la máquina de escribir. Vi cambiar los sistemas de impresión. Vi llegar las computadoras. Vi nacer Internet. Vi aparecer las redes sociales. Y ahora veo cómo la inteligencia artificial vuelve a transformar las formas de producir y difundir información.
Pero hay algo que ninguna tecnología puede reemplazar: la responsabilidad humana de decir la verdad. Las herramientas cambian. La ética no debería cambiar.
La velocidad no debe estar por encima de la verificación. La cantidad de seguidores no reemplaza la credibilidad. Y publicar primero no siempre significa informar mejor.
EL PERIODISTA QUE TODAVÍA SOY
A los 77 años, después de 54 años de ejercicio profesional, todavía siento curiosidad. Todavía quiero saber qué ocurrió. Todavía quiero preguntar. Todavía quiero escuchar. Todavía quiero escribir.
Quizá esa sea la mejor definición de una vocación: seguir teniendo ganas de hacer aquello que uno escogió hace más de medio siglo.
He tenido alegrías. He tenido dificultades. He cometido errores. He aprendido de ellos. He conocido colegas extraordinarios. También he despedido a muchos amigos que compartieron conmigo redacciones y jornadas de trabajo y que hoy solamente viven en nuestra memoria. Pero no cambiaría esta profesión por otra.
Porque el periodismo me permitió conocer personas, ciudades, historias y mundos que probablemente nunca habría conocido de otra manera.
Me permitió viajar a través de las palabras. Me permitió conservar recuerdos. Me permitió servir. Me permitió visitar varios países: Brasil, México, República Dominicana, Argentina y Ecuador.
LA ÚLTIMA PÁGINA TODAVÍA NO ESTÁ ESCRITA
Cuando comencé en 1971 no sabía cuánto duraría aquel camino. No imaginaba que llegaría a los 54 años de ejercicio profesional. Tampoco imaginaba que algún día escribiría sobre mi propia trayectoria. Hoy lo hago sin pretender presentar una vida perfecta. Simplemente quiero dejar constancia de una vida de trabajo.
De una vocación que comenzó en Otuzco. De un joven que escuchaba las noticias en el radio de su padre. De una primera oportunidad en Radio Sudamericana. De tantos años en La Industria. De las responsabilidades gremiales. De las personas que encontré. De las historias que pude contar. Y de aquellas que quizá quedaron esperando.
Porque una vida de periodista es también una colección de historias.
Algunas publicadas. Otras olvidadas. Y muchas todavía por escribir.
Por eso, después de 54 años, sigo sintiendo que aquella primera página no fue el comienzo de una profesión. Fue el comienzo de una manera de vivir.
Soy periodista porque aprendí a mirar la vida buscando siempre una historia. Y mientras tenga ojos para mirar, oídos para escuchar y manos para escribir, la última página de esta historia todavía no estará escrita.
54 años después, sigo detrás de la noticia.
Y sigo creyendo, como aquel muchacho de Otuzco, que siempre hay una historia que merece ser contada.

