

Escribe:
Manuel Rodríguez Romero
Periodista
Manuel Jesús Orbegoso, el gran maestro del periodismo nacional, que dio nueve veces la vuelta al mundo, realizando magistrales reportajes, dejó este mundo terrenal hace 13 años, un día como este 12 de setiembre, para seguir viajando, sin pausa, con la diferencia que ahora lo hace por el infinito cosmos. El pasado 8 de enero cumplió 101 años de su nacimiento.
MJO, iniciales con las que firmaba los reportajes que hizo durante su larga y fructífera trayectoria, ejerciendo un periodismo con valores y por tanto con rigor ético, nació en la ciudad de Otuzco, en donde estudió su primaria en la escuela “Juan Alvarado”, al costado del antiguo templo de la Virgen de la Puerta.
Incursionó en el periodismo en el antiguo y desaparecido diario La Nación en Trujillo, en donde publicaba sus poemas cada domingo y luego su primera noticia, sin ser periodista. De esto casi no se conoce mucho.

En aquel entonces, ya había cursado secundaria en el Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo, donde al poco tiempo fue contratado para enseñar Inglés, idioma que aprendió por su cuenta, sin profesor. Lo logró al autoimponerse aprender 10 palabras cada día.
Por entonces vivía en una modesta vivienda en los arenales del balneario Buenos Aires, que por aquella época -al bordear los años 50- albergaba a pocas familias, pero recibía miles de veraneantes de Trujillo y otros lugares. Se puede decir que incursionó sin querer en periodismo, según su testimonio.

MJO con Wemingwey, escritor y periodista estadounidense
“Yo nunca imaginé ser periodista, pero el destino quiso que sí lo fuera”, reveló en abril del 2011, cinco meses antes de fallecer. Aquella vez vino a Trujillo para cerciorarse donde iba a estar ubicada la biblioteca de sus 5 mil ejemplares, que donó a la Municipalidad Provincial de Trujillo, a través de la asociación cultural que lleva su nombre y que presidía Sigifredo Orbegoso. Esta biblioteca lleva su nombre y esta, al servicio de los lectores en la llamada Casa de la Juventud, frente al cuartel militar.
Aquella vez, se puede decir, dictó una espontánea clase magistral a una treintena de escolares integrantes del Programa Poesía Joven, que dirigía el poeta Manuel Medina. Fue en uno de los ambientes del segundo piso del teatro Municipal, en el jirón Bolívar de la ciudad.
MJO, a quien el autor de este artículo y Aurea Rodríguez-Ulloa, gestora cultural y sobrina del famoso periodista, fue invitado por Medina para dar un breve saludo a sus alumnos de poesía. Aceptó gustoso, pues le encantaba dialogar con jóvenes. Su pasión era enseñar. Nunca fue mezquino con sus conocimientos. Fue un verdadero maestro.
Sin presagiar, su saludo se convirtió en su última clase magistral. Dialogó muy alegre, exponiendo sus brillantes cualidades de narrador. Contó cómo se inició anecdóticamente en el periodismo, cómo hizo sus crónicas y reportajes a los grandes líderes mundiales. Viajó por los cinco continentes en busca de la noticia. Se convirtió en el testigo de su tiempo.

Con el Rey Pelé en el estadio Maracaná de Brasil.
MJO reveló la manera de cómo se hizo periodista. Cierta mañana, asistió en el balneario Buenos Aires a la invitación del alcalde que hizo a los vecinos, a la inauguración de la plaza del lugar. Durante la ceremonia algunos vecinos murmuraban y conversaban al oído que el alcalde había sobrevaluado la obra, para “echarse algunos soles al bolsillo”.
La gente estaba en ciertas forma un tanto indignada. Al llegar al diario La Nación a dejar sus poemas, le picó el “bicho” del periodismo, por lo que decidió publicar la versión de los vecinos. La noticia fue publicada el domingo siguiente en primera plana. El titular principal decía que el alcalde había sobrevaluado la obra de la plaza. Fue un escándalo. El tiraje del diario se agotó rápidamente en la mañana.
MJO narró a los escolares que ese mismo día de la publicación llegó el alcalde al periódico, muy indignado, para quejarse ante el director por la “agraviante” noticia y exigir que se aclare, porque aducía que era falsa.
El director hizo llamar a MJO para llamarle la atención, por lo mal que hizo quedar al diario al escribir esa falsedad. «Me has hecho quedar muy mal. Tú no sirves para periodista», increpó. Regresó triste y avergonzado a Buenos Aires. En el trayecto a su casa se encontró con el joven ingeniero Jorge Torres Vallejo, a quien le contó lo sucedido.
El “cabezón” Torres Vallejo se ofreció visitar la obra, para levantar un informe técnico y comprobar si era falsa o cierta la sobrevaloración. “Wincha en mano medimos el perímetro de la plaza y con el metraje fue calculada la cantidad de cemento y material empleados. El resultado fue que efectivamente el acalde sobrevaluó la obra». Con el informe técnico en la mano, firmado por el ingeniero civil, MJO volvió a la redacción de La Nación para entregar el documento al director.
Al siguiente día, en primera página, se publicó el resultado del peritaje. La noticia no fue falsa y por tanto el alcalde debería ser investigado. La autoridad, poco tiempo después, fue destituido.
MJO contó esta anécdota a los escolares, para graficar y hacerles notar que un periodista antes de publicar algo debe investigar para llegar a la verdad, pues “la verdad es el arma fundamental del verdadero periodista”.
La anécdota de cómo MJO incursionó en el periodismo está en un vídeo, que grabó el periodista Manuel Lara Malca aquella mañana que nos acompañaba, sin presagiar que el famoso periodista cinco meses después emprendiera el viaje eterno, sin retorno, para seguir escribiendo sus magistrales reportajes en el cielo.
Mi homenaje a quien considero el gran maestro del periodismo nacional, cuyo prestigio transcendió en el extranjero, en especial en México, donde es muy querido y recordado. MJO fue el mentor de la Hermandad Cultural Trujillo, Perú-Metepec, México y editor de la revista binacional CLAVE, que circulaba en Perú y México.
Abrazos, maestro, hasta su eterna morada.

