

Por:
Manuel Rodríguez Romero
Periodista Colegiado
Recuerdo que mi profesor de filosofía en la secundaria nos impartía nociones elementales de política. Explicaba que política es el arte de gobernar, frase que pertenece al filósofo Aristóteles, y que Platón sostenía que la política es el arte de gobernar a los hombres con su consentimiento y por lo tanto el arte de gobernar por la fuerza no es política, es tiranía.
Los filósofos griegos Aristóteles y Platón sentaron las bases teóricas de quién o quiénes deben gobernar, previo desarrollo de ciertas virtudes en los gobernantes. Para ellos el fin supremo es la de guiar hacia la felicidad del pueblo que se gobierna.
La política es una ciencia social que estudia fundamentalmente el ejercicio, distribución y organización del poder en una sociedad. Se preocupa por estudiar los hechos políticos y la conducta política, que se expresa de forma real y concreta en la interacción social.
Sin embargo, en tiempos modernos esta concepción de la política, en la práctica, ha sido dejada de lado por los llamados políticos y sus partidos. Lamentable que esto ocurra particularmente en el Perú y en otros países latinoamericanos.
La política ha sido degradada hasta convertirla en un gran mercado, donde casi todo se vende o casi todo se compra. Falsos políticos que llegan al poder para enriquecerse traicionando los votos del pueblo que los eligió y que gobiernan haciendo lo contrario a sus propuestas de campaña. Por eso los electores no confían hoy en los políticos y en los partidos. Los ciudadanos mayormente concurren a las ánforas obligados por la ley.
Mi labor de periodista, me ha llevado a conocer cosas tras el telón y es bueno que se sepa. En el año 1998 cierto personaje de la política nacional, ya fallecido, se propuso fundar su partido. Participó, sin mayor suerte, como candidato presidencial en las elecciones del 2000.
Cuando me disponía entrevistarlo, en su local de campaña en Lima, alguien de su entorno me contó una infidencia. “Mi líder, así no gane la presidencia en las elecciones, él ya ganó”. Como así? le pregunté. Me explicó, que a cada candidato de su lista, de acuerdo a la ubicación, le cobraba dinero. Esta modalidad era un secreto a voces, por hacerse también en otros partidos.
Entonces pregunto: ¿la política ha dejado de ser una noble acción de servir para convertirse en un mercado?. La respuesta es innegable por los hechos que protagonizan los “políticos” y que son verdaderos escándalos, sobre todo los ministros y congresistas, que a estos últimos se les cayó el cliché de “padres de la patria”. Su afán es enriquecerse, por eso se entornillan en el poder político. Los lobbys son más rentables que el sueldo de los parlamentarios.
Ante este panorama es difícil que el país supere la honda crisis que atraviesa. Estamos a la deriva. El reto entonces es de los jóvenes, que están un tanto decepcionados, al no lograr salir adelante, porque no los escuchan ni los toman en cuenta en los partidos.

