

Por
Manuel Rodríguez Romero
Periodista.
Los mal llamados “padres de la patria”, deberían llamarse por sus propios deméritos “enemigos de la patria”. Esta consideración la han hecho a pulso ellos mismos y sin la ayuda de nadie.
En la gran mayoría de la ciudadanía, a medida que pasaba el tiempo, ha venido creciendo la indignación, no contra del Congreso como institución, a la que hay que honrar y respetar, sino contra los congresistas, que al parecer “están en la luna”, viven otra realidad, o no quieren digerir la actual, que es catastrófica o dramática.
Miremos nomás las cifras recientes que ofrece la encuestadora IEP, publicada el domingo reciente, donde se señala que la desaprobación hacia el Congreso llega al 90%, el pico más alto en toda la historia congresal. Solo un 6% aprueba el desempeño parlamentario. En tanto, Dina Boluarte reporta un 77% de los ciudadanos que la rechaza y apenas un 15% la apoya. Un 69% insiste en elecciones inmediatas para el 2023.
Tras oponerse al adelanto de elecciones para el 2023 y en medio de nuevos escándalos, el Congreso llegó en febrero al más alto porcentaje de desaprobación, desde que empezó su mandato. El rechazo a los congresistas es incluso superior en la macrorregión del sur, donde el 95% de peruanos los desaprueba y apenas un 3% les da su aprobación.
La encuesta ha sido realizada del 18 al 22 de febrero, tras los escándalos de la indignación, por la denuncia pública de los costosos buffets, que son una “cachetada” a la pobreza, además de otras gollerías, con la que gozan los 130 congresistas, elegidos con el voto popular y que andan de espaldas al pueblo. Ninguno es capaz de rechazar las gollerías y las grandes ventajas o beneficios que tienen en un país que sufre pobreza y pobreza extrema.
Hoy se sabe, que no solo los costosos buffets de 190 soles diarios por cada parlamentario, pagados con todo desparpajo del presupuesto del Poder Legislativo, es decir con el dinero de todos los peruanos, sino que también gozan de seguro privado, trabajan 5 años y se jubilan de por vida con el sueldo de congresista, los consabidos viajes a sus regiones y al extranjero, la mayoría infructuosos, las bolsas por los lobbies, que son superiores a sus remuneraciones. Es por todo esto, y más, que no quieren elecciones adelantadas, que es lo que reclama el pueblo, pueblo que los eligió.
Si bien es cierto que la política es sinónimo de servir o que la política es el mejor escenario para servir al pueblo, términos que los mismos políticos los difunden en sus campañas, en la realidad no es así.
De ahí la reflexión. Si política es servir, porqué los congresistas no renuncian a sus suculentos sueldos?. Si no cobraran, sí sería servir, pero como cobran por legislar y fiscalizar (y que no cumplen), es una obligación que lo hagan porque es su trabajo.

