

Por:
Manuel Rodríguez Romero
Periodista
La muerte violenta de la periodista Susy Isabel Aponte Polo, conocida como “La China Polo”, conmueve y enluta al periodismo nacional.
No ha muerto solamente una mujer que ejercía el periodismo. Ha sido asesinada una comunicadora que desarrollaba su actividad pública y que, días antes, había advertido que venía recibiendo amenazas contra su vida. El sábado 19 de septiembre, mientras participaba en una actividad proselitista en un mercado de Caraz, Áncash, fue atacada a balazos y perdió la vida.
Su asesinato nos obliga a formular una pregunta que no puede quedar en el silencio: ¿qué está ocurriendo con la seguridad de quienes ejercen el periodismo en el Perú?
El periodismo tiene la obligación de investigar, preguntar, fiscalizar y poner en conocimiento de la ciudadanía aquello que considera de interés público. Esa tarea puede resultar incómoda para determinados intereses, pero jamás puede convertirse en una sentencia de muerte.
“La China Polo” había utilizado sus plataformas periodísticas para difundir denuncias e investigaciones sobre diversos asuntos de interés público. La Federación de Periodistas del Perú ha condenado su asesinato y ha exigido que la investigación llegue hasta las últimas consecuencias.
Ahora corresponde a la Policía y al Ministerio Público esclarecer quiénes participaron en el crimen, cuál fue el móvil y, sobre todo, si detrás del presunto autor material existen autores intelectuales o intereses que hayan ordenado el asesinato. El Consejo de la Prensa Peruana también ha demandado una investigación profunda que permita determinar el móvil y las responsabilidades correspondientes.
No podemos permitir que el asesinato de una periodista termine convertido simplemente en una noticia más de la crónica policial.
La muerte de Susy Aponte Polo debe convertirse en un llamado de atención para el Estado y para toda la sociedad. La libertad de expresión no puede ejercerse bajo amenaza ni el periodismo puede convertirse en una profesión de riesgo en la que denunciar, investigar o informar pueda costarle la vida a quien lo hace.
Desde el periodismo nacional expresamos nuestra solidaridad con su familia, sus colegas y sus compañeros de trabajo. Y exigimos que este crimen sea esclarecido plenamente.
Que no haya impunidad.
Porque cuando asesinan a una periodista, no solamente callan una voz: intentan silenciar el derecho de toda una sociedad a estar informada.
Susy Aponte Polo, “La China Polo”, no debe convertirse en una cifra más. Su muerte debe ser un clamor nacional de justicia.

