CRÓNICA INÉDITA/ La vida es sueño: 50 años de periodismo (III)

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Escribe:

Manuel Rodríguez Romero

Periodista Colegiado

Hay un dicho muy cierto. No triunfa quien no tuvo momentos difíciles, triunfa aquel que pasó por ellos, luchó y no se rindió. Me vino a la mente esta reflexión al remontar mis recuerdos a la época en que estudiaba y a la vez deseaba trabajar, pues estaba acostumbrado hacerlo desde niño; mi papá en Otuzco me enseñó a perfilar y ensuelar zapatos, pero también a venderlos en el mercado. Me aconsejó ahorrar las ganancias. Que gran enseñanza. Me valió mucho después. Cuando cursaba los primeros ciclos de la universidad le pedí al maestro Constante Zavaleta, que me dejara cortes de zapato de mujer para perfilar y coser. “Déjame para perfilar una docena cada noche”, le dije. El taller quedaba en un ambiente de la casa de mi tío Gabriel Rodríguez, en la Urb. Palermo, donde tenía mi cuarto.

Hasta hoy no logro descifrar si el destino hace a la persona o la persona hace su destino. No sé cuando me “picó el bicho” de ser periodista, creo que lo tenía guardado. Cuando cursaba cuarto y quinto de secundaria, había momentos en que escribía, por propia iniciativa, algunos temas de coyuntura, como la guerra de Vietnam, etc. Luego de ingresar a la universidad para ser profesor de Historia, cada fin de semana me reunía en Otuzco con otros 5 “cachimbos”. Fundamos el Círculo de Estudiantes del Norte y surgió la idea de editar una revista y mis amigos me designaron director de la revista “Luz y Verdad”.

Antes de los años 70, mi papá me alquiló un pequeño cuarto en la cuadra 11 del jirón Unión, en el barrio Aranjuez. Sólo entraba mi cama y una mesa de estudio. En mi receptor escuché en radio Sudamericana, que necesitaban corresponsales de barrio para el radioperiódico Túpac Amaru. Uno de esos días me presenté al director José Balbuena, que tenía una excelente voz. Pensé que el director era una persona ya adulta, por la buena dicción que tenía y el aplomo en sus comentarios. Era joven aún.

Escribía con lapicero las notas breves de las necesidades y problemas de Aranjuez. Las dejaba cada dos o tres veces por semana en los estudios de la radio, en el edificio Jacobs del jirón Pizarro, la cuadra donde están la Corte Superior de Justicia de La Libertad y el templo La Merced.

Esta labor era ad honorem, bueno siempre lo ha sido y lo es, se hacía por amor al arte. Ninguna emisora o medio paga, hasta ahora, a sus corresponsales. La satisfacción de ser corresponsal, de tal o cual radio, era lo importante.

José Balbuena un día me sugiere ir a la oficina a redactar mis notas, en la vieja máquina Remigton que usaba

Poco después incursioné en la narración de noticias junto a Balbuena, que por la buena voz que tenía, fue contratado para conducir el noticiero de América Televisión Canal 6 TV. Me quedé sólo en la conducción. Fue ocasión para que el administrador Egberto Longaray me ponga en planilla, el 2 de marzo de 1972. Mi primer trabajo formal. Sentí un gozo especial. Permanecí hasta junio de 1973, mes en que fui despedido injustamente por formar el comité sindical, base del Sindicato de Radio y Televisión de La Libertad.

Antes, había trabajado vendiendo muebles de la tienda Holiday de Gamarra y luego captando socios para una cooperativa de ahorro y crédito. Me fue mal. Negras experiencias, pues carecía de cualidades para vendedor y porque la cooperativa era informal. El grupo de captadores de socios, al ir una mañana a la oficina del jirón Bolívar estaba cerrada. Nunca más vimos al administrador y a la secretaria. Fue un chasco. Después nos enteramos que eran estafadores. Cosas insignificantes que hay que pasar, pero enriquecen la experiencia de vida.

Quinta cuadra del jirón Pizarro. En el edificio Jacobs funcionaba radio Sudamericana en los años 70. (Foto cortesía Armando Castro)

Esto que les cuento retozó en mi memoria, hace poco, al transitar una mañana por la cuadra 5 de Pizarro. Ahí estaba el antiguo edificio Jacobs, propiedad de la familia De Orbegozo González, que hasta 1968 fue dueña de la hacienda Chuquizongo (Usquil), famosa en el mundo de la tauromaquia por los toros de lidia y que, con la reforma agraria de Velasco, se constituyó en SAIS (Sociedad Agraria de Interés Social).

Muchos recuerdos juveniles de esa cuadra y el edificio. Tenía 21 años de edad y hacía mis pininos periodísticos en radio Sudamericana de don Manuel Gamero, que funcionaba en el cuarto piso y desde la azotea mirábamos el centro de la ciudad. Por entonces no había los altos edificios de ahora.

En el Jacobs funcionaba el primer local de parrilla de Trujillo “El Gaucho”, donde la gente saboreada las ricas carnes sazonadas por don Alfredo Servidio, que había dejado Argentina para venir a la Capital de la Primavera. Amenizaba las cenas con su inseparable acordeón, interpretando hermosos tangos, entre ellos los de Carlos Gardel. Era muy carismático y amigable. Las noches en El Gaucho eran placenteras.

Fueron alumnos de don Alfredo Servidio, que empezaron de mozos, el ahora reconocido empresario Ramiro, Segundo, Juan y Crespo, etc. Como no olvidar a “Mendocita”, fiel y celoso guardián del edificio, que se daba el lujo, de vez en cuando, dormir en la aristocrática cama, modelo Luis XVI, guardada como reliquia por los De Orbegozo en el segundo piso.

Por entonces en la radio, desde las 9 de la noche hasta las 2 de la madrugada, “rompía” la consola y la tornamesa, con buena música para no dormir, alegrando a los noctámbulos, el popular “Lechucero” Roberto Villanueva, todo un personaje de la discomanía trujillana, muy solicitado por los oyentes que a esa hora llamaban por teléfono para pedir su canción preferida.

En el mes de vacaciones del “Lechucero” hice de disjockey. “Una cita con el corazón”, fue el programa que conduje de 9 a 10 de la noche. Como “llovían” las cartas, adornadas con dibujos de flores, que dejaban muchas jovencitas, seguramente enamoradas, pidiendo canciones románticas de su preferencia. El turno de trabajo terminaba las 2 de la madrugada. A la medianoche recibía las llamadas al teléfono de mi amigo Víctor Hugo Paredes (+), que por ese tiempo era jefe de redacción de Satélite. Era para pedirme que programe “Cumbia India”, que estaba muy de moda y se ubicaba en los primeros lugares de los rankings de la discomanía.

No puedo olvidar, por otro lado, las ocurrencias, con alta dosis de “chispa”, y el buen trato del Tío Pepe (José Pimentel) , que tenía un programa infantil por las tardes. En octubre era el único en trasmitía la procesión del Señor de los Milagros, que como ahora salía del templo Santo Domingo. Previo a la procesión radio teatralizaba la historia de la milagrosa imagen. Era ameno y promovía las reuniones en la azotea del edificio para saborear los sabrosos rabioles que preparaban nuestros amigos mozos de El Gaucho.

 

Manuel Rodríguez



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